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APUNTES HISTÓRICO-POLÍTICOS DE LA IGLESIA CATÓLICA Y LA MASONERÍA EN MÉXICO
Recopilación y comentarios Dr. Gonzalo Sobrino
Lázaro
Acerca de la Iglesia Católica
El día sábado 13 de mayo, día consagrado hoy a "nuestra señora de Fátima", del año de 1524, pisaron la tierra mexicana, llamada Nueva España, 12 misioneros franciscanos. Estos religiosos traían instrucciones precisas del Sumo Pontífice para establecer en la colonia española la primera autoridad eclesiástica.
Según los datos contenidos en la obra de Jean Meyer denominada "La Cristiada Número 2. El conflicto entre la Iglesia y el Estado". Octava edición, 1983. Siglo XXI editores, página 10, la expansión de la Iglesia Católica se inició con la protección de España y fue creciendo hasta que comenzó a desempeñar un papel de organismo bancario que le permitía disponer de gran cantidad de dinero en efectivo; poco a poco se convirtió en prestamista y mediante el ejercicio de la usura se apoderó de grandes extensiones territoriales arrebatadas a los deudores morosos o a los insolventes; después fue dando empleo a los necesitados pagándoles cantidades ridículas y explotando al máximo su energía y su tiempo. El clero político se volvió dueño de los bienes materiales y de los inmateriales también, pues se adueñó de las conciencias de los indígenas que se volvieron creyentes por el temor de que después de morir su alma se perdiera en el infierno.
Durante más de 300 años el clero romano dominó la vida de la Nueva España. En el nombre de Dios se cometieron muchas infamias y homicidios; Dios autorizaba a los clérigos y a los poderosos a fomentar la brutal imposición de la monarquía y la esclavitud. Los esclavos no tenían alma porque Dios así lo había querido y eran tratados como animales irracionales. El Tribunal del Santo Oficio persiguió y quemó a quienes quiso y la sanguinaria barbarie de la Iglesia Católica en la Nueva España rebasó los límites de la tolerancia europea.
Por orden del rey de España empezó a llevarse una política de ilustración y de reforma. El virrey de la Nueva España acató la orden y suprimió la inmunidad eclesiástica para tomar él mismo las riendas del entorno social. En la Iglesia Católica aparecieron 2 bandos de sacerdotes: unos querían la independencia y otros querían la riqueza compartida con la monarquía española. De cualquier manera el rey decidió controlar absolutamente todo sin injerencia del clero. Esta política de absolutismo radical no contó con dos factores en su contra:
a) que muchos mexicanos sentían una gran veneración por los sacerdotes; y
b) el control político que a través de sus púlpitos ejercían los curas sobre las masas populares.
De ahí que todo acto del Gobierno contra los privilegios y concesiones de los sacerdotes fue recibido por los fieles como una blasfemia violadora de los sagrados derechos de los ministros de Dios; quitar esa inmunidad y poderío al clero fue interpretado por el pueblo como un atentado monstruoso contra la Iglesia y como un motivo plenamente justificado para alzarse contra el poder virreinal. La ley de 1778, que pretendía reforzar el control sobre el clero, provocó varios motines y plantones de los parroquianos por inconformidad y rebeldía de los creyentes. Las autoridades civiles, por orden del virrey, detuvieron y encarcelaron a varios párrocos y expulsaron del país a 500 sacerdotes.
Comentario: han transcurrido 217 años y vuelven a expulsar del país a varios sacerdotes. La presencia del obispo Samuel Ruiz en Chiapas es demostrativa del control político que el clero ejerce sobre los grupos autóctonos. Últimamente se ha corrido el rumor de que el comandante Marcos no existe como jefe de la jerarquía rebelde, ya que la palabra M. A. R. C. O. S. es simplemente una clave cuyas siglas significan: Movimiento Armado Revolucionario Comandado por el Obispo Samuel; lo cual quiere decir que hay varios subcomandantes pero solamente un comandante, que es el obispo Samuel Ruiz. Vale la pena recordar que en la historia de las luchas revolucionarias siempre han existido curas que, como Hidalgo, Morelos y muchos más se rebelaron contra los poderes dictatoriales constituidos. Concluye el comentario.
Vayamos al año de 1821. Una vez consumada la Independencia de México, quedó demostrada plenamente la fuerza del clero político, por lo que era necesario otorgarle una situación privilegiada, es decir, una situación de presencia oficial a condición de que aceptara quedar subordinado al Estado Mexicano. Fue así como la Constitución de 1824 proclamó que en la nación mexicana la religión católica era la única religión autorizada. La reacción de los grupos liberales no se hizo esperar y se unieron para integrar el Partido Liberal Anticlerical que frenaba la desmedida ambición de la Iglesia Católica de controlar la economía y la política del pueblo mexicano. Es importante mencionar que en la dirigencia del partido liberal estaban varios sacerdotes católicos entre los que se distinguieron por su entusiasmo combativo y por su valor cívico fray Servando Teresa de Mier, Miguel Ramos Arispe y José María Luis Mora. Los liberales comenzaron a actuar con valentía: exigían la supresión de los fueros y privilegios que las autoridades concedían a la Iglesia Católica, a la nobleza y a los militares. Siendo vicepresidente del partido liberal el destacado luchador jalisciense doctor en medicina don Valentín Gómez Farías, este grupo logró que el gobierno suprimiera la autorización que permitía a la Iglesia cobrar el diezmo obligadamente, dejando a la voluntad de los creyentes la aportación de su dinero a la Institución Eclesiástica. Esta medida enojó al clero que protestó enérgicamente, circunstancia que tomó como pretexto el gobierno para eliminar a los curas de los asuntos políticos. En pleno forcejeo aparece Antonio López de Santa Anna, quien con el apoyo de los Estados Unidos asume el poder y suprime la legislación liberal devolviendo de esta manera a la Iglesia Católica toda la fuerza que había perdido; Santa Anna era un excelente orador y demagogo; poseía una capacidad increíble para convencer y manipular a las masas; simulaba estar de parte de los humildes y de los grupos liberales, pero luego actuaba para favorecer al clero; era un dos caras que solamente buscaba el mando para satisfacer su ansia de poderío y de riqueza, su egocentrismo y su megalomanía; fue un dictador de mano dura que fomentó el centralismo en la República Mexicana, llegando a vender a los Estados Unidos una parte del Territorio Nacional: La Mesilla.
Comentario: No sé por qué nos recuerda a Carlos Salinas de Gortari. Salinas simuló estar con los pobres y con los liberales poniendo en práctica el Programa Nacional de Solidaridad y adoptando la tesis política del Liberalismo Social. Sin embargo, lo que hizo realmente fue apoyar la fuerza del clero: cambió la Constitución para otorgar personalidad jurídica a las iglesias y para permitir en la calle los actos de culto y las peregrinaciones; nombró un representante de México ante el Vaticano y otorgó concesiones y presencia política a los funcionarios eclesiásticos, a quienes invitaba a los actos políticos. Además mostró mano dura centralista: paralizó el proceso de descentralización en diversas dependencias federales, como la Secretaría de Salud, simuló una descentralización en la Secretaría de Educación Pública para evitar marchas y plantones en el Distrito Federal, quitó y puso Gobernadores, eliminó de la política a Carlos Jongitud Barrios y a Joaquín Hernández Galicia, habiendo metido a este último a la cárcel; manejó los puestos de elección popular como botín y piezas de ajedrez, habiéndose acuñado durante su mandato la palabra "concertacesión"; juntó a todos los Presidentes Municipales del País en Los Pinos y les transmitió órdenes directas; persiguió y sacó del país a sus enemigos políticos, dejó en bancarrota a la Nación y, aunque no vendió físicamente un fragmento de la misma como hizo Santa Anna, dejó hipotecada la soberanía del país. Hasta aquí el comentario al margen.
Volvamos al siglo XIX. Los liberales se fortalecieron con gente joven ilustrada que llegó de Europa y los Estados Unidos y decidieron llamar a su movimiento "de reforma", que quería, según consigna Meyer en la obra citada, dar leyes a la Iglesia en su organización y en su práctica; pero el pueblo, que profesaba una cristiandad monolítica, reaccionó violentamente contra los enemigos de la Iglesia católica.
En 1855 Santa Anna fue derrotado por el movimiento liberal denominado "Plan de Ayutla". El objetivo de los triunfadores era encerrar a la Iglesia en sus templos, para lo cual incluyeron en la Constitución de 1857 algunas disposiciones específicas, entre las que sobresalieron:
Articulo 3.- Elimina a la Iglesia de la educación;
Artículo 13.- Ratifica la Ley Juárez de 1855 que pone fin a los privilegios y tribunales especiales para la Iglesia;
Artículo 27.- Ratifica la Ley Lerdo de 1856 que prohibe a la Iglesia administrar bienes o empresas no destinados al culto religioso;
Artículo 56.- Impide a los sacerdotes ser diputados;
Artículo 57.- Impide a los sacerdotes aspirar a la Presidencia de la República; y
Artículo 123.- Permite al Gobierno controlar la práctica del culto.
El Papa envió un comunicado al Presidente de la República Mexicana de cuyo texto tomamos un fragmento que a la letra dice: "levantamos nuestra voz pontificia con la libertad apostólica para condenar, reprobar y declarar írritos y de ningún valor los llamados decretos de reforma y todo lo demás que haya practicado la autoridad civil con tanto desprecio de la autoridad eclesiástica y de esta silla apostólica". Este respaldo absoluto del Papa hacia el clero mexicano auspició el levantamiento en armas de los creyentes controlados por los sacerdotes y hundió al país en un conflicto interno que históricamente se conoció como la "guerra de tres años".
Con las Leyes de Reforma Benito Juárez García completó la obra constitucional y adoptó una serie de medidas para proclamar la separación de la Iglesia y el Estado; confiscó las propiedades eclesiásticas, prohibió la colecta del diezmo, prohibió que los funcionarios de Gobierno asistieran a los templos y prohibió el funcionamiento de los monasterios y conventos. En 1860 expulsó del país a todos los prelados extranjeros, lo cual hizo que los conservadores pensaran en llamar a un rey o emperador de la nobleza que los "acercara a Dios", para substituir al presidente indígena que los estaba "acercando al diablo".
Con la restauración de la República se aplicaron al pie de la letra las Leyes de Reforma; el 20 de mayo de 1873, el Gobernador del Distrito Federal, por órdenes del Presidente Sebastián Lerdo de Tejada arrestó a todos los jesuitas, así como a los frailes, monjas y sacerdotes extranjeros. El periódico subsidiado por el Gobierno llamado "el federalista" en su edición del 21 de mayo de 1873 consignó textualmente: "los sacerdotes naturales del país seguirán purgando en la cárcel su desobediencia a las leyes; las monjas no podrán volver a consagrarse y los sacerdotes extranjeros, particularmente los jesuitas, serán desterrados del país como ciudadanos perniciosos".
El pueblo reaccionó violentamente y pronto se presentaron motines y enfrentamientos. Se constituyeron grupos rebeldes que bautizaron a sus agremiados como "religioneros" porque defendían la religión. Numerosas comunidades fueron incendiadas y saqueadas por las turbas enfurecidas y fanatizadas que cometieron innumerables crímenes y barbaridades seguras totalmente de que eran guiadas por la mano de Dios. Tanto los representantes del Gobierno como los líderes sacerdotales compartieron la responsabilidad de la muerte y sangre que corrió en el suelo de la nación mexicana.
El destacado escritor Francisco Bulnes en su obra "El Verdadero Díaz y la Revolución", editorial: Nacional. 1967. Página 91, relata detalladamente la forma como el General Porfirio Díaz Mori llevó a cabo una alianza con la Iglesia Católica para que le financiara un golpe de Estado, de manera que cuando él llegara a la Presidencia de la República, devolvería a la Iglesia los privilegios que le habían sido nulificados.
Cuando llegó al poder, Porfirio Díaz quiso cumplir su palabra y devolver al clero con creces los favores recibidos; no obstante, no fue tan fácil ya que sus hermanos masones al enterarse de sus intenciones lo amenazaron con solicitar su enjuiciamiento por medio de los tribunales masónicos para que fuera expulsado de la orden y "radiado", es decir, boletinado a todo el mundo. Porfirio Díaz se movilizó con audacia y obtuvo el apoyo de la Confederación Masónica Internacional y del Supremo Consejo Mundial de Londres que enviaron emisarios a México a dialogar con los integrantes de las logias, de cuyas conversaciones se obtuvo la anuencia de la masonería universal para que Porfirio Díaz actuara en busca de la paz y de la reconciliación Iglesia-Estado, con objeto de dejar al país en condiciones de estabilidad para favorecer la inversión extranjera, los créditos y el progreso del suelo mexicano.
Porfirio Díaz, el caudillo de Tuxtepec, dio a conocer su auténtico papel de estadista cuando, conservando el principio de separación de la Iglesia y del Estado, se propuso acabar con la tarea de destrucción de la Iglesia por el Estado. Estableció relaciones personales con los miembros del alto clero, otorgó empleos en su gabinete a recomendados católicos, prohibió persecuciones y toleró la existencia de pequeños conventos, los cuales estaban proscritos en el país.
El clero denominó a esta época de tranquilidad y bonanza "pax porfiriana" que fue muy comentada, controvertida y criticada. Algunos opinaban que era una debilidad del Gobierno ante la Iglesia y otros externaban lo contrario.
El destacado polígrafo Andrés Molina Enríquez en su obra " Esbozo de una historia de los diez primeros años de la revolución agraria en México", editada en 1934, tomo IV, página 81, dice que la política de conciliación porfirista había llegado a un indiscutible resultado positivo encaminado obviamente a restablecer el antiguo Patronato Real. Señala que las ventajas de que el clero llegó a gozar no fueron el resultado de la debilidad del Gobierno sino de la sumisión del clero hacia él; tenía que ser así porque según afirma textualmente Molina Enríquez, "el Gobierno de una Nación nada es si su poder no es el más fuerte de todos".
Trasladémonos a Roma. El Papa León XIII en su encíclica Rerum Novarun insistía en la participación del catolicismo en la vida política de las naciones. Este pontífice gobernó de 1878 a 1903 en medio de persecuciones contra los católicos; fue el primero que no leyó el mensaje de bendición Urbi et Orbe desde el balcón de la Basílica de San Pedro por considerarse prisionero del Estado. El Papa, cuyo nombre civil era Joaquín Pecci, luchó arduamente para fortalecer y reagrupar a los fieles, difundiendo varias encíclicas, siendo la más famosa la Rerum Novarum en la que incitaba a la movilización política, específicamente resaltando la condición y derechos de los obreros. En México los obreros respondieron a su llamado; primero se agruparon en un organismo político que se llamó "Movimiento Obrero Guadalupano". Este grupo fue creciendo y cobró fuerza al grado de que el 3 de mayo de 1911 se convirtió en el "Partido Católico Nacional" cuyo lema era "Dios, Patria y Libertad", y cuyo financiamiento fue cubierto en forma mayoritaria por el Señor Arzobispo Don José Mora del Río, quien pidió abiertamente a los obispos que apoyaran al partido y que éste orientara a sus miembros para que en las elecciones presidenciales de 1911 votaran a favor de don Francisco Ignacio Madero González. Esto que parece extraño, porque Madero era masón está claramente explicado por Jean Meyer en su obra "La Cristiada Num. 2", octava edición 1983, siglo XXI editores. Dice Meyer que el líder de la Revolución Mexicana había alentado al clero mucho antes de llegar al poder y transcribe una carta de fecha 30 de diciembre de 1909 en la que Madero le dice a Mora del Río entre otras cosas: " la unión de ustedes con nosotros aumentará la fuerza y el prestigio de ambos partidos que, aunque diferentes en nombre, tienen exactamente las mismas aspiraciones y principios".
Francisco Ignacio Madero González, Presidente de la República, se alió fuertemente al catolicismo; y el clero político apoyó la corriente que en conjunto denominaron "Democracia Cristiana".
El periódico capitalino de esa época denominado "El Mañana", en su edición del 1 de diciembre de 1922, página 8, explica los acontecimientos ocurridos once años atrás diciendo que Madero tuvo que solicitar el apoyo de la Iglesia Católica porque el país desde entonces había estado convulso y señala textualmente: "Fue necesaria la influencia de la Iglesia para lograr la pacificación del país, sacudido por inmenso movimiento de revolución y bandidaje".
La jerarquía católica respondió a los deseos del Gobierno mediante un documento que pedía a los obispos "la obediencia que se debe a la autoridad constituida". Sin embargo, las cosas no salieron bien; un General porfirista frustrado porque nunca había podido llegar a ser presidente, a pesar de habérselo suplicado a don Porfirio y de habérsele arrastrado servilmente, se confabuló con los Estados Unidos para dar un golpe de Estado. Victoriano Huerta, nacido en Colotlán, Jalisco, estaba atormentado por los traumas de su niñez; alcohólico y drogadicto, de ideas antinacionalistas y dictatoriales, conformó un grupo de militares mercenarios a quienes compró con dinero yanqui. La historia consigna que traicionó, asesinó a Madero y le arrebató por la fuerza la silla presidencial.
Con la usurpación de Huerta, el clero publicó inmediatamente un escrito de condenación hacia el golpe de Estado y tanto la Iglesia como el Partido Católico Nacional se mantuvieron a distancia del traidor. Éste aconsejado por el embajador de los Estados Unidos trató de conquistar la simpatía de la jerarquía eclesiástica colmando de regalías, favores y obsequios a la Iglesia. El clero no cayó en el garlito y mantuvo una postura firme; el Partido Católico Nacional a través de su periódico, vocero oficial, "La Nación" combatió fuertemente al usurpador gobierno de Victoriano Huerta y por orden de éste las oficinas del partido y del periódico fueron incendiadas, saqueadas y destruidas. El destino final de Huerta es bien conocido; el varón de Cuatro Ciénegas, Coahuila, Don Venustiano Carranza Garza, lo obligó a dejar el mando y el país. Huerta murió en el destierro en el Paso, Texas el 13 de enero de 1916, víctima de la cirrosis hepática causada por su adicción al alcohol y a las drogas.
Don Venustiano Carranza Garza llegó a la Presidencia de la República muy comprometido con sus hermanos masones, por lo que tuvo que apoyar al liberalismo y atacar a la Iglesia Católica. Los constitucionalistas se apoderaron de los edificios y bienes de la Iglesia, desterraron a los obispos, encarcelaron a sacerdotes y monjas, saquearon conventos y mandaron fusilar a los líderes curas. Para los constitucionalistas todo lo que era católico debería ser destruido; para los católicos estaba bien claro que Carranza era enemigo de la Iglesia y de la religión católica.
Después de tres años de cruenta persecución religiosa, se reunieron en Querétaro a partir de noviembre de 1916 los 118 diputados del Congreso de la Unión para revisar la Constitución de 1857. Luego de acalorados debates y encendidas polémicas se pusieron al fin de acuerdo y publicaron el 5 de febrero de 1917 un documento que habría de entrar en vigor el día 1 de mayo: la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
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