Por Gonzalo Sobrino Lázaro
En el umbral del tercer milenio la persona que no
programa sus actos, se ha quedado rezagada en la incesante
carrera de la civilización. Todo debe planearse con sumo cuidado
como si se tratara de un itinerario de viaje turístico,
previendo en lo posible los tropiezos y las circunstancias
adversas.
Nada debe quedar a la improvisación, a la suerte, a lo que
ocurra, a lo que salga o al ahí se va. Las cosas se deben hacer
poniendo primero el corazón y después el razonamiento para que
hablen bien de nuestra presencia; jamás debemos trabajar
simplemente para salir del paso o para actuar solamente por
cumplir.
La calidad, dentro de la cual se encuentra la calidez de lo que
hacemos, es el mejor sello distintivo que nos dará prestigio y
éxito. Es necesario evitar la mediocridad y luchar por destacar
en el contexto social y laboral, para lo cual tenemos que llevar
a cabo las actividades de nuestra responsabilidad con sumo
cuidado y teniendo como base una previa programación.
Tengamos en cuenta que todo programa debe contener metas
específicas y así es como debemos pensar y actuar en el
contexto de nuestra vida masónica, social y familiar. Fijemos en
la mente lo que queremos para bien de nosotros mismos y de
nuestros seres queridos y dirijamos todo el esfuerzo posible en
aras de la obtención de las metas que anhelamos. No nos quedemos
con los brazos cruzados si algo no sale como lo planeamos;
actuemos de inmediato para
enderezar el rumbo y propiciemos que el trabajo en equipo nos
permita alcanzar la cúspide de nuestros deseos.
Es necesario que grabemos con nitidez en nuestra mente lo que
deseamos obtener en la vida. Pero esas metas fijas en la
conciencia no serán suficientes porque la vida lejos de ser
justa y amable es dura e injusta con la mayoría de los
que luchamos a brazo partido para llegar hasta donde queremos.
Existe la probabilidad de que nos invada la idea del fracaso, el
cual seguramente le llegará a los que se acobardan y se rinden
antes de combatir. Pero estas ideas negativas jamás anidarán en
la mente del masón porque tiene fe en sus
ideales, esperanza en realizarlos y amor a la humanidad.
¡Si el fracaso nos llega, que nos encuentre luchando sin
desmayo! Porque así nuestra conciencia estará siempre plena de
optimismo y preparada para luchar de nuevo, siempre y cada vez
que nuestro entusiasmo nos impulse a actuar con ímpetu y
dinamismo para conseguir el éxito.
Tracemos nuestros objetivos, nuestros planes y construyamos
nuestro camino hoy mismo, con mucho cuidado, porque si no lo
hacemos así, siempre iremos a la deriva. Evita que tu vida sea
un barco a la deriva.