La Enseñanza

Por Adrián de Jesús Mellado González

La educación masónica consiste de acuerdo a nuestras enseñanzas, en saber comprender, interpretar y propagar prácticamente los principios dogmáticos dentro de la moral filosófica para llegar al conocimiento de la ortodoxia masónica.

Es así que se da como derecho de todo miembro de la orden de recibir instrucción de acuerdo el grado o grados que ostenta, y nos lleva por lógica a la siguiente aseveración: es deber de todo miembro instruir a sus hermanos en el grado o grados que ostentan de acuerdo a sus capacidades.

Viéndolo así, podríamos decir que es obligación de todos observar, escuchar, investigar y aprender, para posteriormente propagar los conocimientos adquiridos entre sus hermanos y ayudarlos en su formación masónica.

Sin embargo, es común que observemos a quien atesora conocimientos con el fin mezquino de utilizarlo en su propio beneficio exclusivamente y defiende su postura de avaro intelectual con frases como: "si me costo tanto esfuerzo obtener este conocimiento porqué lo he de dar a otro así nada más, que haga su propio esfuerzo para alcanzarlo por si mismo". O bien, dan solo parte de su conocimiento, no como técnica educacional que vaya permitiendo las asimilación paulatina del mismo, ¡sabia manera de enseñar!, sino con la limitante de quien teme ser superado en lo que conoce y ve en los demás enemigos potenciales a su "hegemonía del saber".

Se atribuye a Séneca el haber dicho "El hombre aprende mientras enseña", y es que el mismo proceso de enseñar permite alcanzar etapas de compenetración y asimilación de un tema que no es posible transferir a quien damos conocimiento y que inmediatamente nos coloca en nivel dominio del objeto de aprendizaje por encima de lo que podamos enseñar, otra frase relacionada es: "El que enseña, aprende dos veces".

Una característica única del conocimiento es que al brindarse o compartirse, no nos quedamos con menos de lo que teníamos, sino que, por el contrario, al final del proceso tenemos más de lo que originalmente poseíamos y el volumen de la ganancia obtenida va en proporción directa con la profundidad del proceso de enseñanza que apliquemos.

En ocasiones hacemos ostento de nuestros grados y queremos mantener nuestra "jerarquía" sobre los demás hermanos considerando que hemos sido "iluminados" por una luz misteriosa que nos ha permitido recibir dichos grados y que nos coloca en el plano espiritual y material por encima de los demás. Valoramos nuestros grados en la orden, no como la obligación ser cada día mejores personas, con un compromiso creciente en cada grado superior, con una responsabilidad en aumento de ser ejemplo vivo de como debemos comportarnos, sino como se considera en el mundo profano el tener un grado académico superior o un título nobiliario.

Caemos en el terrible error de considerar que no tenemos obligación alguna en la instrucción que deben darse entre sí los hermanos y permanecemos callados en los talleres, no con el silencio del sabio que medita lo que escucha y no participa en discusiones bizantinas, sino con la ampulosidad del que cree tener la palabra dogmática y debe ser alabado y reverenciado cuando brinda a los demás el "privilegio" de que lo escuchen.

Si bien es obligación de cada uno de nosotros buscar la verdad a través del conocimiento, y que ésta búsqueda es costosa tanto en el tiempo que dejamos de dedicar a la familia y a nuestras actividades mundanas y que nos permiten llevar el alimento a la mesa familiar; como en costo monetario por los libros que se requieren adquirir para ampliar nuestra instrucción, también es cierto y no debemos olvidar que hicimos el compromiso sagrado de ser apoyo y guía espiritual para nuestros hermanos.