Las lecturas de este domingo
nos recuerdan que nos es fácil vivir en libertad, que no es fácil
ser responsables de nuestros actos y tomar las decisiones correctas.Por ello, Jesús nos invita hoy a que los sigamos a Él con
todas las consecuencias.
La 1ª
lectura,
tomada del libro de la Sabiduría, vemos que Salomón pide
sabiduría a Dios para que lo guíe prudentemente en su gobierno; con
la sabiduría de Dios, sus obras serán agradables a Dios, y podrá
juzgar a su pueblo con justicia.Si Salomón pide a Dios discernimiento para tener acierto en
el enfoque y solución de los problemas terrenos, ¿cuánto más
necesitamos nosotros pedir la sabiduría de Dios para cumplir su
voluntad?, pues “¿qué hombre conoce el designio de Dios, quién
comprende lo que Dios quiere... si tú no le das tu Sabiduría
enviando tu santo Espíritu desde el cielo?”
La 2ª
lectura, tomada de
San Pablo a Filemón, nos plantea el problema de las clases
sociales.En la
sociedad en que vivía san Pablo estaba muy marcado las clases
sociales, incluso había esclavos y libres.Pero el cristianismo acoge a todo tipo de personas de
cualquier clase y condición.
Creer en
Jesús, estar bautizados hace que se cambien las relaciones entre los
hombres, ya no hay dominio de unos sobre otros; ya no hay esclavos y
libres, opresores y oprimidos, potentados y aplastados, amos y
siervos... sólo hay hermanos. Dios no quiere que veamos a
algunas personas como si fuesen de una condición humana inferior a
la de los demás.Todos somos iguales ante Dios.
Es ciertoque muchos
continúan considerando a las demás personas como si fueran sus
esclavos, haciéndoles trabajar más de lo debido y dándoles un
salario de hambre. Aún podemos ver que muchos compran a su prójimo
por unos centavos. Ante estas situaciones de injusticia la Iglesia
no puede guardar silencio, encadenada por los poderosos. Su trabajo
no se puede quedar encerrado en las paredes de las iglesias. Es
necesario trabajar por lograr una auténtica justicia
social, no sólo hablando fuertemente para lograrla, sino
empeñándose por hacer esto realidad en los diversos ambientes en que
se desarrolle la Vida de quienes creemos en Cristo. Entonces
recibiremos a nuestro prójimo no como a una persona cualquiera, sino
como al mismo Cristo.
El evangelio de san Lucas que hemos escuchado nos presenta una invitación de Jesús a seguirlo,
tomando nuestra cruz y renunciando a todos nuestros bienes.
¿Qué significa seguir a Jesús, a qué hemos de renunciar?Hoy hemos oído que Jesús nos pide unas renuncias concretas,
pero ¿cómo entender esas renuncias: dejar padre y madre, dejar
hijos, tomar la cruz y renunciar a todos los bienes? ¿Cómo seguirlo?
¿Cómo ser cristiano?
Hemos
oído a Jesús que nos dice: “Si
alguno quiere seguirme y no me prefiere a mi antes que a su padre,
madre, hijos...no puede ser mi discípulo”. El posponer a los familiares no hemos de entenderlo
hoy nosotros como el dejar abandonados a nuestros familiares
en sus necesidades o en su vejez, en triste soledad, no es eso.
Jesús en la cruz, antes de morir no abandona a su madre, se la
confía a Juan: “Ahí tienes a tu madre”, le dice al discípulo.
Jesús jamás abandonó a su madre.
Desprenderse, posponer los vínculos familiares no significa olvidar
todo aquello que podamos hacer para ayudar a familiares en
dificultades.Dios no
quiere que no tengamos familia sino que lo que quiere, es que todas
las cosas las usemos, las tengamos, las utilicemos, las hagamos
teniendo como horizonte la causa de su Reino.Eso significa que en la familia lo importante es el diálogo,
el respeto de unos por otros, el perder el tiempo en la escucha del
otro, la ayuda, la presencia, etc.
Jesús nos pide también hoy estar dispuestos a renunciar
alos
bienes materiales y tomar la cruz.Jesús
nos pide que renunciemos a nuestra vida cómoda y egoísta porque esto
es lo que de verdad nos impide seguir sinceramente a Jesús.
Jesús nos ha dicho: “quien no tome su cruz
detrás de mi no puede ser discípulo mío”. No nos preocupemos
demasiado por buscar cruces. La
cruz va llegando a lo largo de la vida. No hay que buscarla,
llega…lo que hemos de hacer es no renunciar a ella, asumirla
con valentía y generosidad. Dios no nos creó para sufrir, los dolores hemos de evitarlos, pero hemos de
asumir con valor todo aquello que suponga renuncia, que suponga
generosidad, que suponga ayudar a tanta necesidad que encontraremos
a nuestro lado.
La cruz, el sufrimiento llega, llega con el paso de los días, con el
paso de la vida, pero además, ¿quién puede vivir feliz ante
escándalos, injusticias, los pecados, las miserias que cometemos y
que se cometen a nuestro alrededor? Sabemos que el hacer lo posible
por remediarlo traerá cruz, a esa cruz también nos llama
Jesús.
“El que no renuncia a todos sus bienes, no puede ser discípulo mío”.
El
dinero que podamos tener ha de estar siempre dirigido no sólo para
nuestro disfrute personal, sino sobre todo para compartirlo con los
que no lo tienen.
La invitación de Jesús es provocativa. Jesús no quiere que caigamos
en la tentación de vivir un cristianismo light, como tantas cosas
que se llevan ahora.O
somos o no somos cristianos.
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