Fiebre Marrana: Frecuencias Cerebrales Mayores
                                                 Eugenio Medina Ramirez                    23 Junio de 2009    

          

eugeniomedina_2000@hotmail.com

   

 

             La gente cuando realmente se prende, es cuando  yace bailando rítmica y agitadamente, y lo hace con aquello que ama,  le atrae y encanta. Si un par de copas le bañan los sesos, aquello discurre  más intenso, fluido, calorífico, exaltado y ajeno a las demás fregadas, opacas y apagadas frecuencias que cotidianamente pululan su sesera.
 
            No tomen estimulantes de alta frecuencia, que aceleran demasiado su corazón y sumando tal estímulo más el baile, la desvelada y la agitante pasión, pueden agotar su reserva cardiaca y morir infartados en la madrugada ya dormidos. No es mala tal muerte, pero nadie debe morir tan tierno y dejando a sus padres amargados y ahogados en dolor. Por ello les aconsejo que no le agarren las nalgas al diablo, acelerando frenética y alocadamente a su impreparado corazón.
 
            Nuestro cerebro es el centro y además lo importante. Consta de cuatro partes: el tallo cerebral, la parte más interna y primitiva  dentro de la cabeza. Sobre eso, sigue el segmente R una zona más gruesa, propia de los reptiles, pues hace tiempo lo fuimos, y encima una zona intermedia o zona límbica y  ya lo más externo y último de la evolución: la corteza cerebral. Precisamente la corteza es la que nos da la categoría  humana, de gente y la gente  posee alma y sentimientos.
 
            Tenemos varios ritmos cerebrales: cuando dormidos, cuando despiertos, cuando alertas ante peligro o amenazas, cuando preocupados y cuando contentos y felices. Los neuros le nombran con letras del alfabeto griego: Alfa, Beta, Gamma, Delta etc. Etcétera que significa: y demás.  El peor de todos los ritmos, después de las convulsiones y demás epilepsias,  es el depresivo. Aquel apagado o ya fundido,  se encuentra  pensando en su profunda y chiclosa tristeza y en la firme idea de suicidarse.
 
            Este país, esta sociedad, su gente sufre de una envejecida depresión, que tiene varias fuentes y afluentes, y que se transfiere de abuelos a padres  y nietos. Comienza con que la pobre mujer debe ser el ente más fregado, cargado y explotado e infeliz de esta empobrecida y derrotada sociedad. Luego prosigue eso de la pobreza casi para todos. Y los pobres no tienen ganas de nada. La depre, junto con la obesidad y la diabetes, son los duros azotes del nuevo milenio. Para mucha gente que no se siente ni querida ni aceptada en este nuevo milenio, la infeliz depresión es lo cotidiano. ¿Tiene usted algún consuelo, algún refugio, alguna esperanza que le permita tolerar todos los apagamientos y depresiones que la agobian? Algunas se valen del teléfono, otras del computador, del chat o el face book. Por cierto ¿saben lo que significa Madona?
 
 Respuesta: la virgen.
 
            Muchos saltarían alocados si lograran alguno de los jugosos y ricos premios como eso de la lotería o el melate. El dinero es muy bueno, pues fíjese que no, tampoco es malo, fíjese que tampoco; pero siendo como lo es: neutro, la mayoría lo torna terrible pues su loca cabeza a eso los conduce. Nada como un buen colchón o respaldo. Un buen guardadito.  Quienes  dejaron al otro lado sus dineros, de eso ya no queda casi nada. Todo les fue robado. Salvo el llanto, no hay otro consuelo.
 
            Anda la gente asustada y preguntona acerca de las fiebres con los virus de las aves,  cerdos y gallinas. Dejen eso por la paz y cuando menos  aprendan que virus significa veneno. Existen más de 600 variedades de virus y a cada rato cambian y se modifican, por ello las dichosas vacunas son de pobre e impreciso resultado y poca utilidad. Ni se alarmen mucho, un día u otro, todos nos vamos a morir.
 
            El Gabirol es el único medicamento antiviral preventivo, deben tomar dos capsulas al día dos semanas. Cuídense mucho, especialmente todos aquellos con cara y barriga de puerco, pues este virus es porcino y demasiado afín con ellos. Precisamente los anda buscando para reproducirse aceleradamente.
 
            Vamos con el intento de este documento con la preciosa alegría, con los éxtasis y la felicidad. La música es el lenguaje universal que inició con tamboras  tubos, flautas y carrizos africanos, intento para retornar a los sonidos que percibimos en el feliz y cómodo saco amniótico, dentro de mamá. Voces del cuerpo, transmitidos por agua y por ello intensos, hermosos, los de su corazón  y diafragma. Escuchamos el sonido de su voz, su sangre y sus válvulas cardiacas quienes te garantizan la vida. Con aquel sonido todo lo necesario llegaba a ti, pues tu madre, amorosa y generosamente, te lo envía incesante, de día y de noche.
 
            La música se impregna en tu mente y existen sólo dos grupos musicales: la buena y la ratonera. La  primera es aquella que contiene: armonía, melodía, ritmo y color. La novena de Beethoven es lo supremo. Mucha gente con la música hace, primero que nada aturdimiento. La música precisa de plena atención, eso que de fondo o para diluir el distrés, es hacer basura sinfónica con tal maravilla. Claro que con la música se baila y si lo haces con lo que amas o te atrae, aquel danzante ambiente y momento es de lo mejor. Tan delicioso el delicado y frágil talle femenino. Dan ganas de tomarlo firmemente con ambas manos, no se vaya a romper de tan fino. Luego… Ay, mejor me callo y acallo mis pasiones. Escuchar música debe ser un acto: sagrado, intenso, solemne, ceremonial y con todos los sentidos. Eso que la gente escucha y lo toma con escasa atención y mísero interés, no permite gozar, captar, meterse y entrar a la preciosa frecuencia que la música puede despertar y agitar en tu cerebro.
 
            La música viva en muy otra cosa a la grabada. Ahora se ha comprobado que los equipos sonoros con bulbos son más fieles y finos que lo diminuto y dizque de alta tecnología. Un grupo tocando en vivo hace lo precioso: transfiere lo que siente. He tenido oportunidad de ver a un africano tocando maracas. Viera usted lo grandioso del tal espectáculo. Se movía, agitaba sus maracas, se mezclaban, él con las maracas y las maracas con él. Lograban ser tal armonía musical y ritmo que eran lo mismo, inseparables.
 
            Un listado de las 500  mejores canciones, es una escuálida muestra de lo que a la gente le llega. La primera de ellas te dice, en la voz de Bob Dylan, “Eres una mísera piedra que yace rodando en este pedregoso y golpeado mundo, o río de infelices, que no saben lo por hacer para ya no ser ruinosa parte del pesado infelizaje.”
 
            La segunda se llama satisfacción. ¿Quién es aquel y de qué se encuentra satisfecho? Salvo yo, no conozco a nadie. Los que quieren dinero, insatisfechos. Los que apuran trago, complicados y fregados como nadie. Los que quieren amor o que lo perdieron, ni saben qué hacer y lo llaman   con palabras, le ruegan con increíbles promesas, con fervorosos discursos, con ruegos  y hasta con amarres de brujos y chamanes, repitiendo titubeantes: aquella volverá, sí, volverá.
 
            No vuelve ninguna quien sabe convencida que no había nada.  Nadie regresa en busca de tal nada.
 
            Me invitaron  a una charla sobre los casados. El ponente un desastre, su charla muy armónica con él. ¿Qué les dijo? ¡Nada! ¿Qué le cuestionaron? No se puede preguntar sobre la nada ¿De qué les sirvieron aquellas interminables dos horas? Absolutamente para nada. Tienen y les dan lo que merecen. Y luego inocentemente me pregunto ¿De dónde sale y se organiza el abundante infelizaje? Los padres y las madres les muestran, enseñan, dan sucio,  decadente mal ejemplo y dirigen a los hijos a que sean como ellos, unos infelices.
 
            La tercera melodía es un tanto utópica y filosófica, pero acorde con lo que pretendo, propongo y espero lograr con La burbuja: “Imagina”, un mundo mejor. Toca morirse para husmear algo sobre mejora y todo aquello. Por supuesto que tenemos un destino para los que dejan su fregado o lacerado cuerpo. Una Melodía  del grupo Nirvana canta sobre el sabroso tema. Y aquello del paraíso ¿tendrá una o varias puertas? ¿A cual luz será usted atraído?
 
            Entraremos por una puerta o tenemos que ser conducidos a un apartado para bañarnos y despercudirnos, para acicalarnos y  educarnos, aterciopelarnos y con tal aseo, tornarnos en una burda y tosca versión angelical. Yo conozco al menos tres de tales presencias seráficas. Seguramente usted no ha tenido ojos para verlos.
 
            No te vayas “Stand by me.” Ya charlamos sobre el hermoso tema. Vamos con “Hey Jude.”  La octava de esta farragosa lista. Se trata de una dulce y armoniosa melodía quien en un tono delicado y en ritmo lento o adagio, le pide a ella que le ayude  para hacer mejor todo lo mucho que aquel hace tan mal. Tal voz tiene un hermoso,  suplicante y afinado ruego. La ama y le interesa  tal ayuda. ¿Cuántos de ustedes han preguntado a lo que tienen – es un decir- o aman, --es otro decir--, sobre qué deben hacer o modificar para complacerla? Cómo besarlas, cómo charlar, cómo acariciarlas, como chuparlas y rechuparlas, como ustedes frecuentemente hacen con esto que escribo y leen y deben rechupar. La melodía prosigue con un prolongado y seductor coro. Nada de música gregoriana y demás religiosos o escolares coros. Este  resulta único porque logra lo que nuestro cerebro debería conseguir con nuestro cuerpo, y con cada una de nuestras abundantes células. Mete, primero a tu mente y luego a todo tu cuerpo a la maravillosa frecuencia de la música. La música,  nuestra madre y mujeres son lo único divino que hay en este mundo. Lo demás, nosotros bien incluidos, encajamos, lo mismo entre lo cabrón que entre… y piense lo que quiera.
            Hey jude logra que todo el público se levante, baile y se ponga a cantar convencido, conmovido, agradecido de entrar a una frecuencia que muchos desconocen y que proclama: Vamos gloriosamente con este coro y a este ritmo, ¡ambos! bien convencidos, para cambiarlo todo, entre tú y yo, pues ahora será infinitamente  mejor. Y luego bien prendidos, el coro se prolonga y se prolonga, bailando y cantando.  Aquello es superior a los demás ruegos de tantos que dicen, piden, hablan y nadie, ni escucha ni atiende su voz quejumbrosa.
 
            Por eso cuando escuche música hágalo con atención, concentrada. Sólo dedique sus sentidos a captar aquello hermoso, de lo poco divino que hay en este mundo, y tendrá un día: conmovido, sagrado, consagrado,  y espléndido, bañado con lágrimas de alegría  al tener un roce, un acercamiento con lo citado refinado, excelso y divino.
 
            Del diario escucho: Stand by me y Hey jude. Y con ello salgo de esta frecuencia mundana y tengo una seria comunión con aquello.
 
            Espero que el intento haya sido exitoso y que además de su gesto y semblante, se haya alegrado su corazón y sus piernas tengan apetitos por el baile.