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Como tantas veces acaece, el artículo escrito medioescrito ayer lunes por la tarde no lo encuentro aceptable esta mañana del martes. Es la “movilidad funesta” del alma., según una expresión célebre del Benjamín Constant (muerto en 1830 y autor de la ilustre novela Adolphe tan apreciada por nuestros cultos antepasados). Se dirá que ahora solo estoy tratando de llenar líneas… y quizá sea así. Yo también tengo mis mañas. Anoche, con los dos perros aplastándome, la luz de la pequeña mesa encendida, una densa paz en la casa. (los demás duermen o en el piso de abajo o en el piso de arriba), habiendo terminado de releer, veinte años después de la primera lectura, una breve novela policíaca francesa de cierto Klatz, a quien si el mundo fuera justo debería haberse dado, o darse, el premio Nóbel de Literatura, titulada enigmáticamente Dingo Dagne, obra maestra de humorismo intenso basado en el uso del francés hablado; bien, habiendo releído, muerto de admiración y risas, esta joya de inteligencia literaria que exalta el genio francés pese a la lamentable afición asesina de toros de su Excelencia el actual embajador de Francia en México –quien disminuye fuertemente el genio y el buen sentido franceses- me levanté para buscar otro libro y al azar me encontré con uno de Giovanni Papini al cual, otra vez en la cama, consagré otras dos horas de la tan apasionante noche. Aquí pongo un punto y aparte para que el lector no se sienta asfixiado por una prosa a lo Carlos Fuentes joven.
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Bueno, una vez más he comprobado que mi compatriota toscano, hoy tan sabrosamente olvidado por millones de los raros italianos actuales, era un genio aunque a él tampoco se otorgará un premio Nobel de literatura. Manifestándose en un italiano hermoso y grave, profundo e inteligente como un noble autor del Duecento, el abundantemente difunto Papini sigue siendo más actual que los nuevos pick-up Nissan 1997. Lo que no es un comercial porque yo seguiré utilizando mi pick-up Nissan 1986, así como hasta hace poco he utilizado cada jueves de la semana (día de “no circular” del citado Nissan) un volkswagen Sedán por mí personalmente adquirido en la armadora de Puebla en 1972. Pues para los europeos no es de buen gusto, ni muy decente, el que pueda existir en el arco de una existencia humana más de, pongamos cuatro coches: 20/25 años cada uno. Quien crea que su misión en la tierra consiste en un coche nuevo cada dos años es un malnacido. A propósito de nacer, veamos lo que Giovanni Papini escribió sobre “Nascita”, o sea nacimiento, en un borrador destinado a integrarse en su famoso libro Informe sobre los hombres.
Todo lo que sigue pertenece pues, textualmente, al gran escritor florentino del cual un idiota italiano critico literario afirmó que yo era “un nipotillo”, nietecillo. De ser cierto me sentiría honrado pero no es cierto; ¡fatalidades de la vida!
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“Nacimiento. Cada nacimiento es un intento de matricidio. Se desgarra la carne que nos ha alimentando; casi para matar a quien nos da la vida y en ocasiones sí se la mata. La historia de cada quien empieza con la crueldad hacia la justicia.
Todo nacimiento es un castigo a la madre quien se prostituyó frente al deseo y aceptó transmitirle el antiguo pecado a nueva carne. Y cada fruto de su vientre, heredero de la vergüenza, deberá expiar la arrogancia del nacer con la humildad de la muerte. Castigador destinado al castigo, el hombre nace bañado en sangre como un verdugo, y chillando como una víctima.
Y cada nacimiento es, al mismo tiempo, evasión y encarcelamiento. Nos escapamos con violencia de la celda oscura, pero un alma, centella del cielo, acepta con prisión un simulacro de fango sangrante, copia degradada de aquel que fue modelado en la luz del Séptimo Día. Nacer es decaer.

Giovanni Papini, dibujo
Nacemos desnudos como náufragos, blancuzcos como gusanos, titubeantes como ciegos, tan a la merced de todo y de todos que un suspiro helado nos puede dejar tiesos, y una pequeña mano de mujer ahogarnos.
Cada uno de nosotros, en sus primeros tiempos, no es sino una bola de carne sucia: roja, impotente y gimiente. Creados a imagen de Dios nacemos a semejanza de las bestias, y más indefensos que ellas.
Solo la madre, con los ojos del amor, reconoce, en el esbozo informe y frágil, la belleza del milagro.”
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