¿Un México anterior a Manuel el Mexicano?
                                                         

                                                                               Carlo Coccioli (1920-2003)
       

¿De qué escribiré? No sólo no tengo temas, sino además no tengo ganas. No piensen que estoy enfermo: ¡no podría estar ni sentirme más sano! Lo digo contundentemente porque se me hace blanco de amables telefonazos en que gente a menudo por mi desconocida se preocupa por mi salud. Esto me conmueve pero la cosa empieza a fastidiarme cuando él o ella insisten demasiado. Hay en México, a menudo, un fanático culto de la enfermedad. Para muchos compasivos mexicanos, una casa sin enfermos es una casa sin interés. A veces, a mí me da la gana, empujado por la insistencia ajena, de recitar en voz alta ese chistecito argentino. “¿Cómo está?” “Bien, bien… ¿o querés saber la verdad?”

Tepozttlán, Morelos. Mex.

  Tepoztlán, Morelos, vista panorámica... un motivo importante que inspiraría a Carlo Coccioli para darle vida a su novela "Manuel el Méxicano"...

      

La verdad ahora es que estoy bien pero no tengo temas ni, dicho francamente, muchas ganas de meterme al trabajo. Ideas en la cabeza no me faltan. Un día u otro trataré el tema de la mutación psicológica de este país. Fíjense que, sin darnos demasiado cuenta de ello, vivíamos en un país realmente más “revolucionario” que, pongamos, la Rusia Soviética. Tanto era. el aparente izquierdismo de la sociedad mexicana que en la mayoría de los casos no estamos concientes de ello. Los setenta años priístas olían a pólvora y a remotos cañonazos. Uno de los hechos mexicanos que me sorprendió al caer aquí era, por ejemplo que los jefazos nacionales no pudiesen -¿o sólo no querían?- entrar a una iglesia católica ni a cualquier otro templo. Recuerdo que en la época de Echeverría se me invito a una gira a Baja California. Llegamos a un lugar donde casi a orillas del mar surgía –no recuerdo el nombre- una hermosa iglesia colonial. Bien: pude comprobar con mis sentidos, visto que se me había hecho el honor de sentarme justamente frente a él, que el señor licenciado se moría de deseo de entrar al templo, pero que “algo” se lo impedía. Más que la Constitución, se lo impedía la manera de ser del mexicano.

  

 
Ahora este país está cambiando sin sonidos de trompetas, ni cañonazos, pero sí a vista de ojos. El señor Fox se mostró muy inteligente haciendo lo que se le antojaba -en eso de lo religioso, por ejemplo- sin anunciarlo demasiado. Todavía no me he repuesto, tal vez porque todavía no he comprendido el motivo, de ese original recorte que se le ha infligido a la parte derecha del águila nacional. Tengo la impresión de que uno de estos días –y sin subrayar de ninguna manera el fenómeno- se le cambia nombre al Monumento a la Revolución. ¿Esto es bien o es mal? Yo pienso que no es ni mal ni bien: es el curso de la historia. Antes éste era un país “oficialmente” revolucionario; ahora ya no lo es, y confieso que ignoro lo que dice la Constitución vigente a tal propósito. Hay síntomas en voz baja que pregonan sin cesar esta mutación.
 

Y al fin, señoras y señores, ¿por qué no debería ser así? No ten que hablo no como partidista de nada, ni me meto en asuntos que no me competen, pero el más discreto de los Derechos Humanos me concede la facultad de pensar con mi cabeza y expresarme con mi boca. Bueno: confieso que cuando en remoto 1953 toqué con la suelas de mis zapatos                                                                                                 

                  
este respetable país tenía yo cierta simpatía, por lo menos teórica, hacía las democracias cristianas italiana y francesa. Había combatido en la guerra de resistencia en brigadas que levantaban banderas rojas, pero alrededor de mi juvenil cuello llevaba un pañuelo azul, siendo el azul el color del reino de Italia. Se me miraba con algún asombro, pero nunca se atrevieron a arrancarme mi color preferido.
 
 

Llegue a México muy joven, pero ya con un pasado político de relieve en el colegio de Florencia/Pistoya del Partido Liberal (¡valiente derecha anticomunista!) y naturalmente, en una región salvajemente roja como la Toscana, perdimos las elecciones… pero el honor ni la lealtad a nuestras ideas. Una de las primeras cosas que busqué en este nuevo país fue un documento sobre las guerras –y las realidades secretas- del sinarquismo. Textualmente ¡me fascinaba! La figura del padre Pro la tenía yo en el medio de mi corazón, y no sólo allí. Acompañado y guiado por mi sabio amigo Ignacio Medina Alvarado viajamos por el Bajío en búsqueda de remembranzas. Encontré un libro fuertemente cristero cuyo título era algo así como Bajo las patas de los caballos (y sí recuerdo bien que la editorial era Jus). ¿Qué anhelaba finalmente yo? No sabría precisarlo. Amén de otras consideraciones, siempre he tenido la pasión no de los vencedores, sino de los vencidos.

 

Bien llegué al extremo –con mis derechos de “visitante” privilegiado-, de ir por vez primera a Guadalajara para conocer en persona al señor González Luna prócer panista. Me recibió en su casa, un anciano maravilloso, me invitó a comer. El primer libro que escribí sobre México se tituló Manuel el Mexicano. Lo escribí en francés, por supuesto, pero no se tardó en traducirlo al español y lo publicó aquí la Compañía General de Ediciones encabezada por Rafael Jiménez Siles y Martín Luis Guzmán. Debe haber ejemplares de esa clásica obra en librerías del viejo centro… Ah, no sabía cómo acabar este “improptu” de memorias dulces pero ahora lo sé. Mi novela Manuel el Mexicano sí sigue existiendo en México porque forma parte de un grueso libro publicado por el Fondo de Cultura Económica bajo el título de Dos veces México. Consta de dos novelas mías ambas del francés: Manuel el Mexicano la primera, El guijarro blanco la segunda. Sin Manuel el Mexicano, Tepoztlán, Morelos quizá no se habría aún abierto al mundo…

 

            

 Portada del famoso libro "Manuel el Mexicano" realizada por Giunio Gatti, una de las primeras ediciones en italiano, del original en francés "Manuel le Mexicain"       

 

Artículo publicado en el Diario Excelsior de fecha 6  de junio de 2001. "Un México anterior a Manuel el Mexicano". Autor: Carlo Coccioli (1920-2003)

Hemeroteca del Museo Casa della Cultura Carlo Coccioli.

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