Las Hormiguitas                    
                         Eugenio Medina Ramirez                  20 de julio de 2009

eugenio_medina2000@hotmail.com

 

Para la gente tan hondamente preocupada y desesperanzada por lo que en este mundo y sociedad sucede, les tengo esta charla de luz, camino y esperanza y no sólo para ustedes sino para lo que aman o con quien viven y para los que están por nacer.

 
 

Estos insectos tan abundantes y prósperos son un ejemplo que casi nadie sigue. Entre ellos no  sufren de faltantes. Pocos órdenes tan refinados y coherentes. Cuando niño me tocó conocer a tres ancianas, las hormiguitas de riguroso luto diario, en alto contraste con su piel lechosa. De talla corta marchaban al invernadero a ver, una a una, las miles de plantas y macetas. Aquello les consumía toda la mañana. Pero como ustedes saben nadie como las hormigas en fuerza y resistencia. Tienen dos panzas y son infatigables. En una panza llevan comida para dar a cualquier compañera, la otra es como la nuestra. Entre las hormigas no existe la envidia. Imagínese nomás en estos envidiosos y percudidos ambientes donde pocas fuerzas tan grandes como la de envidiosos y envidiosas, que no existiera eso de la envidia, sería un mundo de ascenso, progreso y muy altas motivaciones.

Una cultura que no te perdona el ascenso, misma que para todo te pone trabas, permisos, papeles y papeles,  cambios que debes tramitar, pagar o dar mordida para no esperar tanto, no puede, no ha podido ni podrá generar riqueza. Una policía que ve tu vehículo cargado y quiere su parte en dinero, es otro empobrecedor lastre. Y podemos proseguir con la justicia, la educación, los salarios, los precios, los servicios, el orden y muchos demás lastres.

Tenemos muchas urbes que se encuentran más congestionadas y abigarradas que cualquier hormiguero o termitero. Cada día más lentas, complejas, inseguras, peligrosas y decaídas en servicios y en todo. Pero no escuchamos una propuesta, ni una idea, alguna ideología que nos pudiera conceder al menos una aceptable esperanza. ¿Y por qué no la tenemos?

La palabra control lo explica adecuadamente.

Son tan graves y peligrosos nuestros eternos males, que ya no se puede sofocar el ideario de los que proponen para darle a nuestra gente, a esta sociedad y al mundo caminos resolutivos.

El hombre actual no es el peor enemigo del hombre, sino del hombre y del planeta.

 

 

 

Lo que acaba de suceder con las elecciones intermedias es la mayor muestra de luz que la gente se encuentra reventada por la miseria, por el hambre, por la inseguridad, por la empobrecida justicia y por todo lo que no tiene en servicios.  Muchos ya se cansaron de esperar, y emigraron al peligros otr5o lado. Los que felices corrían al Canadá les han cerrado tal destino. Otros, desesperados marcaron en las boletas electorales su sentir y abundaron palabras sobre corruptos y otras impublicables obscenidades, de lo que sienten para los partidos políticos y para tal gente; pero no tienen de dónde echar mano para que otra gente le dé a este país, a su gente: proyecto, camino, cambio y ascenso. Ninguna palabra tan gastada como la del cambio en la política. En la pelea entre Obama y la señora Hilary luego  Caín o Mc caín bien inmiscuido, la palabra cambio se usó hasta la náusea.

 
 

Demasiadas y pesadas fuerzas se oponen a cualquier cambio para que nuestra gente tenga el necesario ascenso mental: sindicatos, religión y otras pesadas y esclerosadas fuerzas retardatarias no lo toleran. Pero el proyecto de la ultraderecha ha entrado, ante el hambre, desempleo y miseria, en el tercer hervor. Por ello debemos ponernos de pie de donde nos encontramos sentados, acostados, deprimidos y repatingados, y ponernos a hacer, usted primero y luego los que vean lo que usted hace, pues servirá de luminoso ejemplo. Emprender una preciosa y salvífica tarea de ascenso, que tenemos siglos sin hacer y sin importarnos acometerla.

Tenemos que saber y aceptar, en un primer acto de humildad, que nos encontramos pobres, entracalados y haciendo numerosos pobres, obesos y tontos, por que nuestra ignorancia, depresión y flojera a eso nos conduce en manada y cascada. Por donde quiera es posible conseguir gente para delinquir en esta o aquella versión. Es tanta la gente que no tiene nada. No tiene conciencia sobre lo que es el bien y el mal, nadie la quiere, nunca nadie la amo, nadie tiene para ellas y ellos una palabra de amor, de consuelo, esperanza o que las reconforte. Nadie la extraña ni la espera y no tiene nada para dar, lo más que puede hacer es pedir y pedir.

Para que esta sociedad sea otra cosa, infinitamente diferente a todo este fregado hacer inútil y fracasado, es preciso ir lo más atrás posible. Trabajar en una tarea alegre, intensa, llena de satisfacciones que justifiquen tu vida y tu felicidad: al ayudar a la gente pues tienes para darle. No hay nadie que pueda alegar que nada tiene para dar.  Usted ignora lo que tiene dentro inagotable para darlo.

Tenemos que bañar a los niños y niñas de amor, y suceder el baño cuando aún son fetos en el saco amniótico de su madre. Su oído debe captar la voz de  mamá cuando le habla, cuando con ambas manos toma su vientre y lo siente dentro y aquel sentir se torna recíproco. Aquel, aquella recibe aquel glorioso baño de amor melodioso, intenso, palpitante, sincero y auténtico cuando su madre amorosa le canta. Ningún embarazo mejor que el citado.

 
 

 

 

Tenemos que remediar lo que generó la falta de madre. Hace más de 33 años que mamá Salió a trabajar y todo quedó al garete, acéfalo, huérfano, sin amor, sin presencia, sin programa, sin proyecto y hasta sin dirección.

Los cerebros de los citados abandonados, tan inocentes, sufrió lo que se ignoraba, el trastorno que lesiona y daña las áreas cerebrales de la felicidad infantil, de su abundante, frondosa y natural capacidad para la alegría y la felicidad quedó dañada o destruida.

 
   

Tales niños son los que ahora rechazan la escuela, el orden, el trabajo, la alegría, la felicidad y la grandeza. Como son resentidos  nada respetan. Son agresivos, cabrones y terribles. No tienen competencia para socializar ni para organizar una relación de pareja, mucho menos un matrimonio.

Tales infelices desadaptados van en cascada a las adicciones y luego a la delincuencia, y antes de llegar al panteón pasan por el reclusorio. Sin ninguna conciencia del bien y del mal, de lo que es bueno y malo para ellos, no tienen de otra. Nadie los quiere, nadie podrá quererlos ¿Qué vida hay para ellos? Pues ahogarse en las terribles adicciones.

Un proyecto completo maneja el problema de conducta desde antes del nacimiento, con los citados baños de amor, Y tenemos baños para los por nacer, para los recién nacidos, para los niños, para los adolescentes, para lo jóvenes y también para los maridos cabrones. Los cabrones son aquellos que sólo quieren a su madre y por ello tanto la madre les mientan.

El proyecto La Burbuja no deja nada suelto. Ni  los baños ni la educación, ni siembra de valores ni despertar al amor ni a la sexualidad, ni la generación de dinero, pues como ustedes trabajan, siempre terminarán viejos, obesos y pobres. Para la riqueza hay dos grandes sanos caminos: Tarea para ser riquillo y tarea para yacer podrido en dineros.

Las hormigas ya tienen en su genética un exitoso proyecto de trabajo y multiplicación de la vida. Y nosotros ¿cuál proyecto tenemos? Salvo el proseguir pobres, infelices, obesos, amargados y en plena y vergonzosa derrota. Yo no veo que tengan otro proyecto.  Ah si, perder el tiempo ante el televisor y achicharrar sus apantalladas neuronas y cerebro.