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"La educacion"
Ya que todo tiene una o varias razones, pues este mundo, aunque no se crea, dispone de un orden o de leyes como las del inglés Newton, que se repiten lo mismo aquí que en los fríos e infinitos cielos, y por ello debemos buscar la punta de la hebra y con ello encontrar soluciones a nuestra problemática mayor: que consiste en lo que hace nuestra gente.
¿Sabemos o tenemos conciencia del por qué nos encontramos donde tan suciamente nos revolcamos?
Mucho se habla de los mercados, de la mundial condición, de las bolsas de valores, de lo caro del demonio terrestre, el petróleo y el bla bla bla… concluye que también es un problema de educación. Por supuesto que cada una de las citadas razones es un grano de arena a la montaña de problemas que nos aplastan.
La razón de protestas, de huelgas, de paros, de renuncias, de abandonos y hasta de tanto divorcio, es la maldita pobreza en su peor versión, la miseria. La miseria acaba con los valores, comprime la paciencia, aplasta el orden, aniquila las motivaciones, encienda la delincuencia, atiborra los reclusorios y enardece a la corrupción.
Cualquier policía, desde el arrogante y obeso jefe hasta el más peludo de sus achichicles, se siente humillado por la infame paga y el alto riesgo laboral, y por ello son tan voraces en la tarea corrupción. Son iguales a los políticos, donde haya dinero, sobre él van convencidos sin importar procedencia. Dos cosas importan: poder y dinero, de sus fluentes o afluentes, esas muy poco interesan.
Todo es el infame fruto de una infancia y una vida plagada de necesidades insatisfechas, desde hambre hasta falta de amor y demás coludidas y amontonadas miserias. Mamá sufriendo, trabajando durísimo, sin servidumbre, estirando el magro gasto, haciendo de las tortillas tiesas tostadas, y agregándole mucho chile a todo lo intragable para tornarlo tragable fue lo cotidiano. Ahora con el rico hueso tiene a la mano todo lo necesario para desterrar aquello maldito y diabólico.
Muchos, lo ignoran pero dedican su infame vida, no a justificar con buenas obras su existencia, sino a intentar sanar sus dolorosas, enllagadas y sangrantes heridas de la infancia.
La base de todo no fue la destrucción, por abandono, del hogar, ya que hasta mamá salió a trabajar y aquello se quedó huérfano y en camino de, usted perdone, la chingada. La resultante es esta sociedad sin amor, sin madre, sin valores, sin respeto, sin presencia, sin buen ejemplo a quien imitar, y vea lo que tenemos: el más encendido, llameante y peludo desmadre.
Todo fruto de la miseria.
Por ello debe haber, y no la hay, voluntad política para desterrarla. Con la miseria a cuestas nada edificante, progresista o ascendente será posible. Mientras tengan hambre y las necesidades los aplasten, no dejarán de comportarse ¡todos! como hasta ahora lo han hecho… mejor ni mencionarlo.
Se tiran cabezas para aterrorizar y prosigue aquello delictivo porque nada les importa a los que tienen una vida fregada y terrible, por ello el degüello nada remedia.
Tenemos que hacer por otros superiores caminos fáciles, baratos y al alcance de casi todos.
Muchos pesados y poderosos grupos de la derecha desean que todo prosiga así: hundido y ahogado, sin importar el intenso sufrimiento de tanta gente y la angustia y el miedo de todos los demás.
Y lo único al caso que escuchamos es que se combatirá a la pobreza extrema y no mucho se logra. Casi todos nuestros abruptamente pobres se herniaron a la miseria, que es el último escalón antes de morirse de hambre. ¿Y qué hacen tales desesperados? Salga a la calle y sienta el miedo que aquella injusticia social genera. Unos cuantos archiricos y los demás dispuestos al robo, a delinquir para hacer lo que empuja su destructiva desesperación.
El hambre y las necesidades, usted perdone, no dejan de chingarlos. Por ello se aturden con lo que sea: alcohol o drogas. Y ya en la fase de abstinencia, los adictos son 20 veces más terribles y peligrosos.
Desde siempre esta fue una sociedad injusta en grado maléfico: unos cuantos con todo y los abundantes demás sin nada. Deambule por la calle y vea el panorama. Unos ambientes altamente contrastantes que manifiestan hasta para ciegos y sordos, lo terrible de tal injusticia. Desde la colonia así fue y no ha dejado de ser.
Por ello tanto se utiliza el sucio termino de los chingones y los…
Resulta que ante tanta indolencia gubernamental, cada uno de nosotros debe y puede hacer mucho en casa para organizar otra mucho mejor sociedad, infinitamente superior a todo esto fregado, deprimido y decadente.
Tenemos que hacer con los muy pequeños infantes dos breves, fáciles y grandiosas tareas para organizar con sólo eso un gran y rico país, plagado de riqueza humana.
Prenderlos en la lectura y darles amor en gradación superior: eso es todo.
En usted y en nadie más debe existir voluntad para tales inmensas, -en alcances-, tareas.
No ande pregonando que el amor de su vida y demás visajes de las vanidades y fanfarronadas. El amor de la vida de esta muchachada no debe ser otro que el amor a los libros. Mientras no suceda tal romance, proseguiremos como vamos, empeorando.
Haga con sus hijos algo mucho mejor a usted y tendremos no un mejor México, sino el mejor de los mundos. Todo tan sólo será el regio fruto de las obras de su nueva gente.
Le ofrezco el proyecto. Seamos los orgullosos patriarcas y matriarcas de tal nueva y luminosa generación.
eugenio_medina2000@hotmail.com
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