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Jueves 30 de octubre. Gracias a la amable y generosa invitación de Javier Cóccioli abandonamos nuestro San Juan del Río. A las l9 hrs. nos presentamos, su servidor Elena y Violeta, pulcramente vestidos en el castillo de Chapultepec. Hermoso palacio que señorea una panorámica del centro del D.F. Al frente el hermoso paseo de la Reforma con su deslumbrante victoria halada y bajo nosotros el bosque con su lago.
El motivo de la reunión: la celebración de los 106 años de la fundación en México: Dante Alighieri. Franco Bonfanti y Giovanni Capirossi, los actuales directivos, se encargaron de todo aquello que debió trepar al alcázar del citado palacio.
El acceso amable y fluido. Como una muestra de cortesía nos ofrecieron un recorrido, un paseo guiado, quien nos mostró, desde aquel carruaje como medio de transporte y cuando en México existían la escandalosa cifra de 117 automóviles y se escandalizaban, hasta un muro vitral de hermoso estilo y un ambiente barroco en finas maderas. Ese mismo número de vehículos ahora se pueden contar en media cuadra de reforma. Proseguimos con las glorias del recinto y todos los personajes que allí vivieron desde el apuesto Maximiliano hasta madero. Max resultó, por unanimidad, el galán de la reseña, acompañado con el amor, seriamente enloquecido, de Carlota Amalia leopoldina.
Un amor sin locura no es un buen amor. Pobre pareja, no sólo mataron a Max. Con la infeliz viuda, estas alebrestadas chusmas, le cantaban obscenamente, tildándola de loca a mamá Carlota. ♪Alegre va la nave, alegre cual gaviota, adiós mamá Carlota, adiós mi tierno amor…♪ Era una muy culta mujer quien no disponía de muchas amigas, pues las consideraba serias amantes del chismorreo y escandalosamente no hablaban francés, y culturalmente no podían charlar con ella. Vivía como viven tantos, en la soledad. La soledad que abunda para casi todos.
Fusilamos en Querétaro a Max, junto con sus fieles generales las 5 EMS: Max, Miramón, Mejía, Márquez y Méndez. En el cerro de las campanas, ahora amplio centro universitario. Un famoso corrido queretano canta convencido y con desenfado ♪Y tengo pa los traidores el cerro de las campanas♪: Max nunca traicionó a nadie, ni a Carlota. Y si el famoso cerro tuviera tal uso justiciero, no se dispondría del suficiente parque parta fusilar a tantos y tantos.
No olviden los italianos que ellos también, sintiéndose incompetentes para gobernarse, cosa que a estas calentadas y heladas fechas aún sucede, invitaron a un príncipe griego. Príncipe (primer ciudadano) para que los gobernara; e hicieron igual que Juárez: lo mataron, como debe de ser. No olviden la cruel y tan humana sentencia: primero mátalos y después perdónalos. Villa, quien se sentó en la silla presidencial allí expuesta, misma que lo desconcertó pues pensaba que era una espléndida montura para su caballo. El también hacia en esta jaez: mátenlos y después virigüen.
Luego vino a vivir a palacio don Porfirio y su tierna compañera. No olviden que Oaxaca dio dos caudillos, Coahuila dos caudillejos, Sonora nos dio dos pillos y Michoacán dos…
Hay una extensa y elegante galería donde despachaban los subsecuentes presidentes que no conocían los pinos: Madero incluido.
Trepamos, después de esta diluida divagación histórica, al punto di incontro: el alcázar para la ansiada fiesta musical. Aquello mostraba un gran piano de cola, perfectamente enllantado para un ágil rodamiento. De inmediato se llenó y un poco después de la hora señalada inició la orquesta de cámara de Bellas Artes. Algo así como 20 músicos y su joven director Jesús Medina quien, prendido y encendido, acometió su fino trabajo. Nos acompañaba el padre italiano: Vitorio Meneguzo eminente historiador y musicólogo. El local dispone de una bóveda sellada y los amplios muros de vidrio ofrecen una endeble protección. Dejan dos enormes entradas, una directa al gélido Popocatépetl y la otra aún más amplia, al Iztacihuatl o mujer dormida. Ninguna tan fría como esta mujer. Por ambas vías entraban unas siberianas corrientes que nos pusieron a temblar. Los más friolentos pensaban anhelantes en el vodka, que no se congela ni en el refrigerador, pero Capirossi había girado la perentoria orden que hasta las 21:30 se despachara el trago. Una mala decisión la toma cualquiera, pero ésta fue pésima.
Aquella música resultó un agradable regocijo para los deseos, en especial para el oído, el más refinado de nuestros pocos sentidos. Fueron cuatro tiempos musicales. Todo magnífico, destacó lo de Mozart. El pianista hizo una magistral ejecución, pero el frío le empezó a engarrotar su italiana corporalidad y hubo de salir, con su tupido greñero, por un grueso abrigo.
La mayor manifestación de que existe algo arriba de todo esto en diversos grados, muy superior a los que vemos sentimos y sufrimos lo es la música. No hay nada comparable, ni lo que dicen, proclaman o aseguran las religiones. La música no habla de dioses o deidades, pero entrando en su frecuencia te transporta a tales empíreos niveles. Es por ello, la música el lenguaje universal, propio para nuestro sentido mayor: el oído, el más refinado y el último en perderse. Los que viven en el agua usan hasta para generar imágenes: Delfines, Cachalotes. La sordera produce muchos trastornos, la ceguera sólo uno.
Los asistentes a este suceso sufrían la enfermedad bipolar: una agradable y precioso espectáculo musical y un frío moscovita o del Gulag. Aquello del calentamiento planetario nadie ahora lo creía. Aquel frío no respetó ni al embajador Italiano ni a los demás embajadores, ni al mismo nuncio apostólico, allí presentes. Conaculta debe considerar bloquear con dos grandes puertas para prevenir la posible hipotermia de los asistentes a cualquier otra fiesta o acontecimiento.
Gracias a Dios todo terminó. Nos levantamos, apuramos apresuradamente un poco de tinto y engarrotados de pies y garganta nos apresuramos en tumulto para abandonar aquella eficiente nevera.
Bastó bajar para tener un agradable clima como a la ciudad le es propio.
Felicidades para todos.
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