Llegada del Mensaje en Italia
Juan Héctor Mendez.

   

Pensando en lo que me había sucedido en aquella ciudad de Florencia, me he puesto a meditar un poco y a pensar en el inicio de un viaje, en la ciudad donde había perdido todo. Fui internado dos veces en el Hospital de “San Salvi”, por alcoholismo depresivo, habiendo intentado el suicidio varias veces. Las causas fueron diversas, recuerdo que cada vez que me propuse dejar de beber usando toda mi fuerza de voluntad. No pude lograrlo. Siempre bebía de más. No podía hacerlo porque creyendo en los médicos (sin culparlos), cuando salía del hospital me aconsejaban beber menos, de tomar solo un vasito de “Chianti”*, que hacía buena sangre, o incluso era mejor beber “Cynar”, el terciopelo del estomago. Esto me dijeron la primera y la segunda vez que salí de “San Salvi”. Cuando dejé aquel lugar, de aquella prisión provocada por mi, no tenía nada. Había perdido todo. Casa, trabajo, amigos. Entonces lleno de odio el rencor creció en mí de una forma verdaderamente escandalosa.

Blasfemias y plegarias, llanto y risa, vida-dolor, mis emociones cruzadas. Pensaba que para mí no existía una salida. No veía el final de mis días. Estaba seguro que regresaría al manicomio, no dejaría de ser un huérfano, esta era mi justificación para beber.

Fueron cosas que me encontré en mi país, México, con la imperiosa necesidad de darle fin a todo o intentar buscar ayuda. Opté por la segunda idea y así llegué por primera vez al Grupo de Alcohólicos Anónimos, ahí me di cuenta que mi derrota fue lenta pero tenía en mi la esperanza de podría dejar de sufrir por mi forma de beber, en el grupo supe del plan de las benditas 24 horas, mismo que comencé a meter en práctica. Estuve en el grupo como  un servicio, servía el café, lavaba la loza, (como en el manicomio, con el fin de no ver a los otros enfermos). Comencé a coordinar alguna reunión. Tiempo después a leer, leer no era mi hábito en aquel momento, pero mi consejero un día me dice “¿cuando dejarás de hablar de tus penas y tus adicciones? ¿De tus gloriosas borracheras?” Me quede atónito, ¿cómo se permitía hablarme en ese modo?

 

 Sin embargo, con él comenzaba a aprender, a obedecer y a estar atento en cada una de las reuniones, con la mente abierta.

Inicié mi viaje a través de Europa, no pensé que me iría enseguida a Florencia, tenía miedo, allí no existía ningún grupo de AA. Y no quería estar sin uno. Durante el viaje en avión, abrí una ventanilla, estaba la luna y el sol que surgían de la parte opuesta. Fue obvio. Entonces recordé aquello que me habían dicho los Doctores en San Salvi, y cuando cerré la ventana, Oh Dios, descubrí la solución, encontré mi misión. Dirigirme a San Salvi para hablar con los médicos y contarles que ya no bebía más. Decirles que era un alcohólico anónimo. Mis vacaciones eran andar fuera, mi meta era hablar con los otros alcohólicos recluidos como yo dentro del manicomio. Quería decirles a todos que había una solución para dejar de beber, que había una vida mejor sin alcohol, que el alcoholismo era una enfermedad, hablar con  los médicos, que no volvieran a decir a los alcohólicos internos lo que me dijeron un año antes. Narrarles aquello que aprendí en el grupo. Por suerte llevaba conmigo el libro Alcohólicos Anónimos y los 12 pasos, en español.

Cuando estuve frente al Doctor Giuseppe Gianonni, (escribo su nombre, porque fue el primer medico en ayudar y favorecer la creación de AA en Italia), le conté todo aquello que me había sucedido en México, quien totalmente sorprendido no me creía, me hizo un montón de preguntas. Antes que nada pensó que estaba ahí nuevamente para recibir atención, poco después me miró y me pregunto si estaba todavía alucinado, ebrio y le dije que no! Solo por hoy no! No! Ahora no me entiendes y trataré de explicarte como funciona AA. Después arribaron otros médicos, y mas preguntas, solamente preguntas. Eres médico? No, soy un alcohólico. Eres un siquiatra al igual que nosotros? No lo soy. Es acaso propaganda americana? No, el programa nace es Estados Unidos pero no es propaganda. Cuanto cuesta AA? Nada, solo con lo que cada uno contribuya con aquello que el grupo necesite. Entonces es una secta religiosa? Y así transcurrieron muchas preguntas las cuales gracias a Dios pude responder sin caer en contradicción o controversia alguna. AA no entra en controversias   públicas.

El doctor Gianonni me preguntó: “Como puedo ayudarte?”  Lo que le pedí fue que me ayudara a entrar en contacto con gente como yo, enferma e internada en el hospital y me respondió: Te veo dispuesto! Hay muchos.” Y así se abrió el primer grupo en el hospital durante el verano de 1972 no recuerdo la fecha. Debe haber sido durante el mes de Junio de aquel año.

Fragmento de un volante contra el alcoholismo

Poco tiempo después arribó a Florencia el escritor y periodista Carlo Coccioli, y el que había escrito “Uomini in fuga” (Hombres en Fuga), me ayudó a escribir un articulo para invitar a la primera reunión pública de información. La gente, los amigos, decían “pero ustedes están mal aquí en Florencia no hay un solo alcohólico, quizá solo los americanos acudan. En Florencia somos gente por fortuna alejada del vicio. Sí aquí no hay alcohólicos será en vano difundir el mensaje que trae este mexicano. Y así llegó el día de la reunión en el Palazzo Pier Caponni, una sala bellísima, era el escenario, muchas lugares vacíos, el tiempo avanzaba, no había casi nadie. Y cabizbajo pronuncié la “Oración de la Serenidad”, era el único alcohólico al lado de Carlo Coccioli, un amigo de un grupo de Alcohólicos Anónimos de la ciudad de México. Y haciendo uso de una pequeña campana de arcilla negra  de Oaxaca, comenzó la reunión con poca gente. Un poco nervioso, tal vez demasiado, no lo sé. Comencé a leer el enunciado y luego a hablar sobre AA, y lo que habían hecho por mí. Narré una parte de mi vida, entonces también Coccioli estaba allí contando aquello que yo había vivido en los grupos mexicanos, para poder escribir “Hombres en Fuga”. Tiempo después, llegaron los médicos, había más gente y yo estaba tranquilo, no me sentía nervioso, sentí la presencia de Dios. Una reunión que debía durar una hora y media se prolongó por más de tres horas. 

         

  

Puedo decir que al inicio hablé de la historia de AA, del milagro de vida de Bill y Bob, pero nadie creía, los médicos con sus preguntas, hacían notar que AA podría robarles a los enfermos de alcoholismo. Al final di mi número de teléfono invitando a la gente diciéndoles que sí tenían alguna duda o por vergüenza de hablar y hacer preguntas en público. Podrían hacerlo telefónicamente. Hablé del anonimato y naturalmente de su significado. Regresé a casa un poco cansado, sudado pero contento por haber cumplido mi propósito. El teléfono sonó varias veces, poco tiempo después, escuche una voz ronca, un hombre que quería verme en la mañana, le dije que sí, y me dio una cita en Piazza Beccaria. Fui a su encuentro a eso de las cinco de la tarde, era mi primer “doceavo”. Silvano L. su mesa estaba llena de copas, y me dijo que no podía dejar de beber desde hacía ya 25 años, para él era una necesidad beber, “Me siento como un miserable” me decía, le hablé de mi historia, de mi ingreso al grupo, de las 24 horas, sobretodo de aquello que se debe decir a un nuevo que esta pidiendo ayuda, escuchando con atención, sin pena y evitando causar alguna imprudencia, porque estaba bebiendo. Etc.

Debo decir que de la OSG de Nueva York, llegó un paquete con folletos en italiano, publicados en 1953, tal vez para los italianos de Nueva York. Total que este envió fue como una bendición, porqué repartí a los médicos una parte de los folletos. Que eran”Los Doce Pasos, Esto es AA, e Información sobre la Asociación de AA”. Para mi fue de gran ayuda porque así comenzaron a leer los médicos y también Silvano, y de aquellos que veía todas las tardes en aquel bar de Piazza Beccaria. El tiempo pasaba muy rápido, desafortunadamente debía regresar a mi país, y todavía no se conformaba un grupo. Salvo aquel del Hospital San Salvi. Coccioli había escrito y hecho la traducción, el mismo, de su libro “Hombres en Fuga”, en francés, italiano y español. Era otra forma de poder pasar el mensaje. Entonces había escrito una invitación en el diario “La Nazione di Firenze”, para la segunda reunión pública de información. Apoyándome con   los folletos y la literatura, para hablar mejor en la reunión y en eso aparecieron, antes de comenzar, gracias a Dios, los amigos del Grupo Americano en Roma. Estaban Carlo C, (El respetable) Roberto C, y una mujer alcohólica, eran del Grupo Americano, de Via Napoli 58, de Roma.

Los conocí, se presentaron como alcohólicos, habían dejado Roma para asistir a la reunión por aquello que había escrito Coccioli, y así fueron presentados en la segunda reunión. Pienso que esto fue el inicio del milagro. Aquella tarde en el transcurso de la reunión, habló Carlo C, después Roberto C, había entre lo demás una mujer inglesa Jocelyn, ella con una voz dulce, estaba embarazada esperaba un bebe, habló con su acento contando parte de su historia vivida en Inglaterra, estaba Malcolm un americano pensionado que vivía en Fiesole, un AA solitario, después al fondo de la sala también estaba Silvano L. El alzó la mano, hacia más de diez días que no lo había visto pensé que tendría miedo, y así él había vencido la barrera de la vergüenza. Y habló delante de todos, la sala estaba llena habían muchos médicos, entre ellos el doctor Manfredo Baronti, otro amigo de AA., y demás gente de Florencia. Silvano de propia voz dijo: “Ustedes médicos me conocen casi todos. Me desintoxicaron varias veces, pero nunca me dijeron como dejar de beber, sin embargo gracias a este joven mexicano son diez días que no bebo”. Yo sentí escalofrío en mi piel, todo se realizaba con las preguntas de la gente, de los médicos, con los testimonios. Era yo el coordinador y me sentí contento y feliz por todo aquello que escuchaba.

 

Al fondo de la sala otra mano: “Soy el párroco de la iglesia Americana de la vía Rucellai, en mi país hay muchos de estos grupos de AA, los conozco, si desean hacer una reunión ahí hay un lugar para ustedes, tenemos sillas y mesas, café, azúcar y tazas, a partir de hoy pueden efectuar sus reuniones ahí. En aquel momento tenía los ojos casi llenos de lágrimas, no podía creer todo lo que estaba sucediendo.

El milagro de la transmisión del mensaje estaba dando sus frutos: el surgimiento del primer Grupo Italiano, “IL Grupo Firenze”, de AA.

Los médicos y la gente estaban un poco confundidos, no daban crédito a lo que estaba sucediendo ahí dentro, pero los testimonios, la sinceridad, la voluntad de mis amigos A.A. tocaron sus corazones, de una forma que pienso fue una manifestación divina. Tenía que regresar a mi país pero con la ayuda de Carlo Coccioli habíamos hecho Los carteles con los Pasos y las Tradiciones. En aquella tarde se dio la manifestación de Dios, era el nacimiento de un movimiento espiritual, que nadie podía evitar. Dos días después tuvimos nuestra primera reunión en el local de Via Rucellai, llegamos primero para poner a calentar agua para el café, para colocar los manifiestos con los Pasos y las Tradiciones.

El italiano no es mi lengua madre, pero pienso que hable durante aquél día con el lenguaje del corazón, y estaba Dios en el Grupo yo solo era un instrumento, nada más. Es cierto había perdido todo en Italia, no habría deseado regresar a mi país, quería permanecer por siempre en Italia. Pero si no regresaba a México no hubiese sido posible dejar de beber, no estaría con ustedes, tan cerca con mi verdad liberadora. Si el precio de Transmitir el Mensaje era que no habitará más en Italia, lo estoy pagando ahora. En el fondo, me siento tranquilo y satisfecho por todo aquello que he visto en AA. Finalizo diciendo Gracias a mi Dios, por haberme ayudado a plantar una semilla de Alcohólicos Anónimos en Italia.

 

(tradución de un artículo publicado en italiano, por el Sr. Juan Hector M. Uno de los fundadores de grupo Firenze en Italia)