Trugedia Musical
Eugenio Medina Ramírez

 

                                                        

 

"...la evolución corre desbocada desde los primitivos sonidos del tom tom...ahora sustituidos por los sintetizadores y los sonidos digitales..."

 

La música es una de las grandes vertientes culturales de la especie humana. Y es la música la más difundida, refinada y grandiosa muestra de que existen otros niveles mucho más refinados y grandiosos que esto de la materia y de la tierra.

No seamos tan arrogantes, también cantan los grandes cetáceos,  los pájaros y cada una de las especies y animales, sin excluir los insectos, cantan y su canción tiene múltiples y asombrosos significados. El canto al amor y a la sexualidad ocupa el papel estelar.

Tenemos muchos géneros musicales. Asombroso el como cada pieza es diferente a todas las demás. La forma más pura expresiva, completa y grandiosa para la música lo es el cuarteto de cuerdas con sus dos violines, el chelo y la viola. Con tales poquedades puede alcanzarse lo inalcanzable. Algunos, bien convencidos, hasta a Dios le cantan.

La música es el lenguaje universal y como todos provenimos de la misma vertiente, y todos  y todo somos uno, la música a todos nos mueve y agita algo o lo agita todo. Por ello la música bien puede justificar y explicar a la cultura occidental. Mozart dispone de tales posibilidades, algunos otros autores también pelean por tan encumbrado lugar. A Vivaldi, algunos envidiosos le dicen que tan sólo compuso una sola sinfonía con 300 variantes.

Beethoven fue el genio supremo, ignoramos de cuál dimensión provino, quien compuso lo más elaborado, refinado y hermoso en cuanto a la música en su más pura versión y frecuencia.

La música dispone de incontables capacidades. A algunos los deprime, pues no otra cosa andan buscando, agobiarse con su depresión hasta ahogarse;  la letra y sus armonías le dicen a su alma lo que quiere escuchar, y algunas de sus dolorosas verdades, allí yacen conmovedoras y tristes, como precisamente se encuentra su   corazón y espíritu: llorando. Lamentablemente es lo que abunda, el genero depresivo, musicalmente, se ha tornado plaga. A otros los mueve justamente en la dirección opuesta, los alegra, los agita y los empuja, lo mismo a cantar que a bailar; sin olvidar otros intensos musicales empujes.

Existen otras no frecuentes posibilidades. Algunos entran en una especie de éxtasis de relajación ante las sonatas y cantatas, los acordes sinfónicos y también los sinfónicos intentos.

Se precisa de sensibilidad para captar los refinados contenidos en la música. Muchos entran en frecuencias elevadas y alcanzan lo mismo la relajación que el éxtasis. Se dice que los mayores gozadores del mundo son los místicos, quienes disponen de la capacidad para lograr orgasmos lo mismo durante todo el día que por la noche.

Música preciosa la que le canta a la libertad, como sucede con el “Hotel California” donde en base a la hierba marihuana y sus ahumadas aspiraciones, se husmea los niveles espirituales de los mundos astrales y otras delirantes alucinaciones.

Música evocadora quien armónicamente te dice que el mundo no es precisamente lo que tanto esperabas y anhelabas, y para soportarlo y vivirlo mejor, hace falta en este mundo donde los faltantes abundan, un poco al menos una chispa de locura. Por supuesto disponemos de música en la citada alocada frecuencia.

El himno nacional tan bello y beligerante. Algunas serias opiniones que escucho proclaman que se ha mezclado con el “Huapango de Moncayo”, tendremos una resultante de categoría mundial aunque bien sé que el nuestro, después de la marsellesa y del himno alemán, es el más  hermoso. El tiempo se encargará de la propuesta, siempre lo ha hecho.

La combinación de música y alcohol es tan frecuente y parte soluble de la humana lógica y en consecuencia de su hacer, que ya se considera parte imprescindible de la justificada o injustifica fiesta o celebración: música, alcohol y  chamacas para verlas, admirarlas, apreciarlas y bailar, organizan eso precioso buscado, anhelado e inebriante de las fiestas, que no como ahora le dicen los nacos: eventos.

Cómo somos delicados, cualquier exceso lo resentimos o nos daña. Muchos se evaden de su realidad por diversos medios. Algunos tienen piezas musicales grabadas en eso electrónico diminuto que nombran Ipot, canciones por varios miles y no pierden oportunidad  para aturdirse por muchas horas. Otros lo hacen con la computadora. Son tan grandes sus vacíos que los intentan llenar con cualquier cosa.

La evolución corre desbocada desde los primitivos sonidos del tom tom, a la época de los violines, los acordeones, de la guitarra, del piano y sus alcances. Ahora sustituidos por los sintetizadores y los sonidos digitales. Todo pasa aceleradamente. Lo que electrónica y ordenadores puede hacer asombra. Ya  es posible componer una refinada sinfonía en unas pocas horas.

La música clásica dispone de alcances insospechados, puede lograr tocar y despertar frecuencias psíquicas preciosas y adormecidas. Algunos adagios y allegros disponen de tal posibilidad. Para los sensibles aquello es más fácil e intenso.

                                                                                                                                                                                                      

    

   

 

La música Pop o popular es una equivalente a la vernácula o autóctona. Entre usted a los ambientes huastecos donde basta su presencia y que esta sea notada, para que aquel grupo le cante involucrándolo de manera simpática, cómica o burlona  en los acordes un tanto desafinados de su folklórica ejecución.

La idea de escribir lo que ahora lee, resultó de buscar y encontrar la música y el cantante más alegre de todos cuantos tenemos. Voces como la de Pedro Infante, Jorge Negrete, el gallo giro y demás Antonios y Aguilares, Vicente y sucedáneos Fernández tienen un elevado lugar en las preferencias y seriamente pelean por la primicia.

La palabra norteña es la más sincera, auténtica y cínica de este costeñol que ustedes hablan. Conocí ambientes sonorenses y el Piporro, norteño al fin, es algo que no debemos olvidar ni sepultar.

Tengo algunos amigos  que escuchan eso que llega a sus nostalgias y vacíos, y los ballenatos son su mejor opción. Nosotros no tenemos ni oído ni capacidad para entender aquello distante y de otro muy diferente folcklor, de plano amerita traducción para lograr entender el contenido y mensaje de todo aquello.

Eso del estilo propio, en nadie tan auténtico y marcado como el tan alegre estilo de Eulalio. Ante de iniciar la cantata ya estaba clara, nítida y convencida la sonrisa y la burlona carcajada del Piporro.

En cualquier parte de la pieza toma la palabra y se pone a cotorrear la melodía, burlándose de los actores, aconsejándolos y con una chispa y un tono excedido en disparatadas “lógicas,” realmente admirable.

                   

Su estilo norteño  desbordado grado fronterizo, le concedía a la interpretación una chispa que prende de alegrías a cualquier tristón o deprimido. A mí me ha concedido atardeceres mirando la puesta del Sol y todo cuanto puede observarse al contemplar esta fracción del universo, posible a nuestros sentidos, alegres y de risa hasta el grado lacrimógeno, atardeceres inolvidables. Cuan hermoso el llorar de alegría.

Todos tenemos una u otra labor como trabajo o tarea, muy pocos, casi nadie, dispone de la capacidad para burlarse de esa su labor. El  gran Piporro otra cosa no sabía hacer.

Cuando hace más de 40 años vivía en mi natal y tan querido Tolimán, escuchaba al ahora ausente Piporro cantando: “Cuando paso por tu casa…” y procedía un cúmulo de ejemplos de cuanto hacía para la conquista de la pretendida, ante una feroz oposición de la suegra. Se burlaba de las aspiraciones de la necia señora y del suegro.

Aquella era una alegría de las grandes: interna, infantil, propia del alma. Ya ven que los niños son tan felices por la simple y sencilla razón de que se encuentran saturados de las sustancias encargadas de generar la alegría interna.

Nadie ha jugado con la música ni se ha burlado tan socarronamente de la misma como Eulalio. Buceando en las profundidades del tiempo, despierta aquella tonaducha donde, y para variar, burlonamente le daba la espalda al contrabando cargando sobre sus espaldas hasta un pesado refrigerador.

Eulalio se ha ido, pero nos ha dejado la mayor muestra de alegría que la música puede contener. Anoche tuve la celebrada ocurrencia de comprar uno de sus discos compactos. Pocas veladas he tenido tan divertidas, alegres, relajadas y donde hasta me he cansado de reír.

Si desean una intensa y profunda comunión con la alegría, no vayan a ver fotografías encarreradas como en el cine sucede, escúchenlo y contágiense de lo que por todas partes derrama  y satura. Por cierto cuál, entre tanta abundancia, es la pieza que  a usted más le gusta. ¿La que le recuerda a la mujer que se fue y le dejó un gran vacío? ¿La que dice y dice lo que usted nunca pudo decir? ¿Cuál es la más acorde con lo profundo  que agita, por verdadera y auténtica  su intimismo?

           

¿Cuál su color favorito y cuál la o las palabras que le encanta escuchar?

Si usted recuerda cuál es precisa la tal pieza y cuál el mejor día de su vida, usted es un nostálgico que necesita encenderse con la chispa de Eulalio para desterrar las tristezas que reposan en su yo profundo.

Si usted no logra identificar lo citado, es que tiene una frecuente comunión con la alegría y en consecuencia es usted feliz, pues para serlo, para ser muy feliz, no hace falta nada, salvo: tres chispas, una chispa del alma infantil,  un ápice de locura, música para bailar con alguien que  ame y además le tenga ansiadas ganas y ya con ese amor no te faltará nada. Me cansé de rogarle…a las mujeres no hay que rogarles ni alegarles. Como les encanta gastar, aflójeles, dinero y verá usted como todo cambia y hasta mejora, es de lo mejor  por hacer.