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Mitos y realidades de la gripe.
Hay una afección que todos conocemos y hemos padecido; y trataré de mentiroso al que diga que no se ha engripado. Ahora bien, me resulta curioso pensar por qué existen tantos mitos urbanos y rurales acerca de la gripe, cuando se trata de algo tan común y conocido que todos deberíamos estar al tanto de las certezas. Y, sin embargo, los mitos de la gripe están por todas partes; nos rodean, nos invaden, ingresan por nuestras narices y nos enferman...
Lo peor de todo es que muchas veces estos mitos nacen en los mismos trabajadores del sector del cuidado de la salud, que desde luego deberían saber más al respecto. Dado que la gripe puede ser un trastorno serio e incluso fatal, es vital que conozcamos tanto las mentiras como las verdades. A modo de servicio público, Enplenitud te acerca los mitos más comunes sobre la gripe.
1. La gripe es molesta pero inofensiva
Los expertos coinciden en que se suele subestimar la seriedad de una gripe. Muchas personas creen que la gripe no es más que un resfrío importante, aunque en realidad es algo mucho más grave que eso.
En primer lugar, la gripe tiene la capacidad de hacernos sentir muy mal. Además de la congestión y la tos, es posible que se presenten dolores en distintas partes del cuerpo y cuadros febriles —que nada tienen que ver con esas alergias de jardín—. Cuando te ataca la gripe, lo sabes; tu cuerpo entero lo siente. Es como si te pasaran por encima con un camión.
Aparte del terrible malestar y de los días laborables perdidos, la gripe puede tener algunas complicaciones más serias. Desde ya que la mayoría de las personas que caen enfermas de gripe se recuperan favorablemente. Sin embargo, es bueno saber que en todas partes del mundo mueren personas a causa de la gripe. Sí. Por ejemplo, en Estados Unidos la gripe hospitaliza a más de 200.000 personas y se cobra 36.000 vidas al año. Es un número muy próximo a las muertes por cáncer de mama, y más del doble de los muertos por sida en EE.UU.
2. No hay tratamiento para la gripe
Si te las arreglas para llegar a lo del doctor rápidamente —esto es dentro de las 48 horas de haber contraído la gripe— existen medicaciones antivirales que pueden ayudarte. Estas drogas, como Tamilflu o Relenza, curarán la fiebre, pero pueden reducir la cantidad de tiempo que estés enfermo en uno o dos días y hacerte menos contagioso/a para las otras personas.
Las medicaciones antivirales son recomendadas para todos los mayores de un año que tengan gripe. Asimismo, pueden ser usadas como método preventivo para alguien que ha estado expuesto a la gripe o, por motivos de enfermedad, puede correr riesgos de tener complicaciones a partir de la misma. A modo preventivo, la medicación antiviral suele ser efectiva entre el 70% y 90% de las ocasiones.
3. Los antibióticos pueden combatir la gripe
Los antibióticos sólo pueden combatir las infecciones bacteriales. La gripe es ocasionada por un virus, y no por una bacteria. En consecuencia, los antibióticos no tienen efecto alguno sobre la gripe. No obstante, este mensaje parece ser incomprensible para muchas personas. De hecho, muchos padres suelen acudir al médico exigiendo antibióticos para la gripe de sus hijos.
Cabe señalar, de todos modos, que existen estadios de las complicaciones de la gripe que involucran infección bacterial. El virus de la gripe puede debilitar tu cuerpo y permitir que las bacterias invasoras te infecten. Las infecciones bacteriales secundarias a la gripe suelen ser: bronquitis, infecciones de los oídos, sinusitis, y —la más frecuente— neumonía.
Algunos pacientes con gripe quieren consumir antibióticos por si llegaran a desarrollar una complicación. Lamentablemente, este intento preventivo no funciona. Incluso, podría empeorar las cosas. Si ingieres antibióticos en forma innecesaria y luego desarrollas verdaderamente una infección bacterial, ésta podría ser resistente a esos antibióticos.
4. La gripe es únicamente peligrosa para las personas mayores
Es cierto que las personas que con mayor frecuencia enferman de gravedad o mueren a causa de la gripe son mayores de 65 años. No obstante, la gripe puede ser peligrosa para cualquiera, incluso para adultos saludables.
Desde luego, uno de los grupos más susceptibles es el de los niños. Los chicos menores de dos años presentan las tasas más altas de hospitalización a raíz de la gripe. Los menores de seis años son los que más riesgo presentan ya que son demasiado jóvenes para recibir la vacuna.
Procura mantener alejados a los bebés de cualquier persona con gripe, y asegúrate que tanto los chicos como las niñeras sean debidamente vacunados.
5. La “gripe estomacal” es una forma de influenza
El uso de la palabra gripe se encuentra tan extendido que se hace verdaderamente difícil determinar su actual significado para la población. Los virus gastrointestinales, llamados a menudo “gripe estomacal”, no tienen conexión con el virus de influenza. Si sufres de vómitos y diarreas, y no presentas fiebre ni dolores corporales, lo más factible es que no padezcas de gripe.
Ten en mente lo siguiente: en los niños, el virus de la influenza puede ocasionar a veces vómitos y diarreas. Sin embargo, estos síntomas son extraños en adultos con gripe.
6. Si ya has tenido gripe, no volverás a enfermarte
Muchas personas creen que no volverán a enfermarse porque han tenido gripe recientemente —y creen en consecuencia que no deben vacunarse—. Esto no es así, dado que la gripe no es un virus único.
En cualquier temporada de gripe suele darse la circulación de influenza de Tipo A e influenza de Tipo B. Ambas generan gripe. En consecuencia, es bien posible que te infectes con un tipo y luego con el otro.
Por lo tanto, aún deberías vacunarte aunque hayas tendido gripe. De lo contrario, podrías estar en cama dos veces.
7. El mal clima causa gripe
No importa lo que tu abuela pueda haber dicho: salir afuera en invierno sin bufanda no incrementa tus riesgos de contraer gripe. Puede que parezca existir una conexión dado que en muchas partes la temporada de gripe coincide con los climas fríos, pero definitivamente no la hay. El auge y la caída de la temporada de gripe cada año tiene que ver más que nada con el ciclo natural del virus, aunque los expertos aún no están del todo seguros de cómo funciona el mismo.
No obstante, las bajas temperaturas podrían incrementar los riesgos de gripe en una forma: cuando hace frío solemos pasar más tiempo encerrados dentro de casa, o en cualquier otra parte, y esto puede ponernos en contacto cercano con personas engripadas. Efectivamente, en los ambientes cerrados y concurridos en contagio es mucho más factible.
Como Recordar Nombres.
”¡ Qué casualidad ! Ahora que me dices que necesitamos contactar a alguien que trabaje en la industria plástica, justamente ayer estuve en una reunión en donde conocí al gerente de compañía del ramo, ya mismo estoy llamando al ingeniero... eehh... al ingeniero... ¡¡ Caramba, olvidé su nombre justo cuando más lo necesitamos !!”
¿Le resulta esto conocido?
Seguramente que sí. Y para que no le vuelva a pasar, le sugerimos seguir estos sencillos métodos para nunca más olvidar un nombres (salvo que quiera olvidarlo, claro).
Atención y concentración
Prestar atención es el primer paso para recordar un nombre. Cuando le presentan a alguien, trate de enfocar toda su atención cuando mencionan el nombre de esa persona.
Dígalo en voz alta, repítalo, repítalo para usted mismo cuando se va. Y, si puede, anótelo en un papel. Y, cuando vuelve a su casa, repase todos los nombres que anotó.
Repetición
“Buenas noches, señor Gavilán. Encantado, señor Gavilán. Hasta luego, señor Gavilán”.
No hay mejor manera de hacer que algo se grabe en su mente que repetirlo.
”Es un placer mi conocerlo, señor Gavilán”. Además de impresionar agradablemente a la otra persona (a todos nos gusta que presten atención a nuestro nombre), usted ya ha comenzado a grabar ese nombre en su mente.
A continuación, puede preguntar como se escribe su apellido: “¿con b o con v?”. El señor Gavilán no se ofenderá (todo lo contrario).
Y, mientras sigue conversando con el señor Gavilán, puede indagar aún más sobre su nombre: “Sabe que vivo cerca de una calle que se llama Gavilán, creo que le pusieron ese nombre en homenaje a un prócer, ¿alguna relación con usted?”.
Y antes de irse, no olvide despedirse: “ha sido un gusto conocerlo, señor Gavilán”.
Cuando tenga que llamarlo la semana próxima, seguramente recordará sin problemas el nombre de ese gerente de la industria plástica, el señor Gavilán.
Asociación
Usted, ¿a quién recuerda mejor?:
¿Al hombre de traje formal gris, camisa blanca y corbata oscura que cruzó en la calle esta mañana, o al estrafalario hombre de edad indefinida con pantalones rojos y algo semejante a un plumero en la cabeza?
Lo tonto, absurdo, divertido, grotesco, atemorizante, trágico o melodramático funciona mucho mejor en los sistema mnemotécnicos (técnicas para recordar cosas), justamente porque ese mismo absurdo (o cualquier otra de esas cualidades) es lo que lo hace diferente del resto de las impresiones y pensamientos “normales” (¿o aburridos?) que encontramos a diario, permitiendo por ello que se recuerden mucho mejor.
Asociar lo que se quiere recordar con otra cosa es uno de los métodos básicos para recordar cosas, pero adquiere una importancia crucial en el caso de los nombres.
¿Por qué?
Pues simplemente porque si usted tiene que recordar, por ejemplo, la lista del supermercado, usted ya tiene una imagen mental de la leche, los huevos y la lechuga, conoce cuáles son sus representaciones posibles y con qué se podría asociar con recordarlos con facilidad.
Pero usted no tiene nada de eso cuando se trata de recordar el nombre del señor Maldonado, a quien le acaban de presentar.
Si usted tiene algún tipo de conexión previa con el nombre o la palabra (¿veranea seguido en Punta del Este, departamento de Maldonado, Uruguay?, ¿esa nueva promesa del béisbol que vio por la televisión se llama también Maldonado?), la tarea resultará mucho más fácil (siempre que usted recuerde hacer la asociación en su mente).
Si no la tiene, será el momento de crear una imagen en su mente del nombre Maldonado, cuanto más absurda o divertida, mejor (mientras no se le “escape” en voz alta delante del señor Maldonado):
Quizás el señor Maldonado lleva unos pantalones demasiado cortos, ¿de dónde los habrá sacado?, parecería que los hubiera encontrado en una subasta del Ejército de Salvación, pero esos pantalones no son para adultos, alguien se equivocó al donar los pantalones de su hijo, es evidente que el señor Maldonado lleva unos pantalones que han sido mal-donados.
Tonto, ¿no es así?
Y, justamente por eso, usted recordará fácilmente el nombre del señor Maldonado.
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