La oportunidad de Obama hacia una recuperación económica sustentable
[Se omitió en la versión electrónica de La Jornada de Morelos]
Mientras el mundo continúa el debate sobre cómo superar la mayor crisis económica que se recuerde por su profundidad y globalidad, durante 2009 los Estados Unidos debatirán asimismo las políticas que aplicarán para mitigar el cambio climático a escalas local, estatal y nacional. De este debate se desprenderán los principios para una nueva legislación norteamericana en la materia, acompañada por políticas de seguridad energética y económica a futuro. Con esto los EEUU enviarán una poderosa señal a la 15ª Conferencia de las Partes (COP-XV) de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (CMNUCC), que se celebrará en diciembre 2009 en Copenhague, Dinamarca.
Con objeto de contribuir a orientar este debate y a que de él deriven resultados positivos para los Estados Unidos y el resto del mundo, el Instituto de los Recursos Mundiales (WRI por sus siglas en inglés), el Instituto Peterson para la Economía Internacional, el Centro para el Desarrollo Global, y el profesor Nicolás Stern (presidente del Instituto Grantham de Investigación sobre Cambio Climático y Medio Ambiente), organizaron el pasado martes 3 de marzo en el Capitolio, Washington, el simposium «Acción climática Estadounidense – una perspectiva económica global». Entre otros destacados participantes, asistió el ex-primer Ministro del Reino Unido Tony Blair. La información se encuentra en: www.usclimatesymposium.com/
El planteamiento del simposium es que el mundo enfrenta dos grandes crisis globales: una económica, no obstante se insista en denominarla “financiera”; y otra ambiental que ya desde hace cuarenta años fue bautizada como la “tragedia de los comunes”. La económica —como lo explica Federico Novelo en El Correo del Sur del 15 de febrero—, proviene de minimizar persistentemente una de las principales variables económicas: el precio del trabajo; que para México significa una crisis estructural por su dependencia de los Estados Unidos. La ambiental (véase Glocalfilia del lunes 16 de febrero) se ha agudizado y hoy día nadie la pone en duda bajo la denominación de cambio climático o, como permitió reconocerla Nicolás Stern: la mayor falla histórica de mercado (por el inconmensurable costo de su externalidad negativa: el calentamiento global).
La inadecuada gestión del riesgo financiero durante décadas en los Estados Unidos hizo explotar una crisis económica que se venía gestando con el declive del dinamismo de las economías de los Estados Unidos, la Unión Europea y Japón desde principios de la década de 1970. Mientras, el resto del mundo, incluidos los gigantes China e India, parecen haber comprado el modelo de desarrollo capitalista al estilo norteamericano, basado en la suposición errónea de que es posible maximizar más de una variable macroeconómica: PIB y “bienestar” de una población que crece exponencialmente desde 1830 (Glocalfilia del lunes 2 de marzo).
Ahora, una inadecuada gestión del riesgo a futuro ante los impactos adversos que sobre la economía tendrá el cambio climático, colocarían a la humanidad ante una tragedia de alcance global.
Durante su campaña hacia la Casa Blanca, el presidente Barack Obama anunció que los Estados Unidos reducirán 80% sus emisiones de gases de efecto invernadero en 2050, respecto de sus emisiones del año 2000. En su toma de posesión señaló que moverán su industria y su economía con la energía de las tierras, del sol y del viento. La semana pasada Obama explicó al Congreso que es necesario abordar simultáneamente los retos que implican las dos grandes crisis globales, y que con un apropiado liderazgo los Estados Unidos podrían generar un poderosa respuesta en todo el mundo, allanando el camino a un acuerdo apropiado en la Conferencia de Copenhague.
El planteamiento va en la dirección correcta. Porque los Estados Unidos y el mundo eventualmente superarán la actual crisis financiera, no obstante su profundidad y duración dependan de qué tan apropiadas y oportunas sean las medidas que adopten. En contraste, la crisis de los bienes globales que el cambio climático agudiza no nos permite el lujo de una falta de oportunidad o inadecuación. El calentamiento global resulta de una suerte de “experimento global” que Homo sapiens ha emprendido en su planeta sin preverlo concientemente, al incrementar en solo 200 años (un abrir y cerrar de ojos geológico) casi 40% la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera terrestre, incremento que no había sucedido al menos en los últimos 1.3 millones de años.
En el simposium del pasado martes 3 en la Casa Blanca se plantearon una serie de medidas, que demuestran que es posible un enfoque económico global apropiado para una acción climática oportuna y a la altura de las circunstancias. Por ejemplo, el Instituto Peterson señala que costaría 10 mil millones de dólares equipar con un adecuado aislamiento térmico al sector residencial y a los inmuebles federales de los Estados Unidos, para lo cual se requeriría crear y mantener 100,000 nuevos empleos entre 2009 y 2011; lo que implicaría ahorros energéticos a la economía americana por alrededor de 2 mil 300 millones de dólares anuales entre 2012 y 2020; es decir, más de 18 mil millones en el periodo, con ganancia neta de al menos 8 mil millones.
Este tipo de inversión en tecnologías e infraestructuras eco-amigables podrían proveer un gran estímulo para la recuperación económica, y mejorar la competitividad de la economía norteamericana. Así, en tanto los Estados Unidos inician una trayectoria hacia una economía baja en carbono, podrán ofrecer una ventaja competitiva a quienes adopten estas tecnologías. La inversión privada está dirigida por señales del mercado, que hasta ahora han orientado el crecimiento económico a agotar los bienes comunes globales, como es el caso del uso intensivo de la atmósfera terrestre para la combustión a gran escala y como vertedero de emisiones contaminantes.
Mercados, mitigación del cambio climático, y recuperación económica sostenible concurrirán en la medida que se logre establecer un precio estable —y creciente— a las emisiones de carbono. Es un juego en el que todos ganan: mayor eficiencia económica, revaloración del factor trabajo, y freno al calentamiento global.
Al Gore representó hace poco más de ocho años a los sectores de inversionistas y empresarios deseosos de seguir una trayectoria hacia una economía baja en carbono; pero Bush junior ganó y mantuvo a esta vieja locomotora económica jalando a la economía mundial con base en fuentes de energía fósil y tecnologías altas en carbono; con todo y exorbitantes costos de guerra. Hoy día llegó la oportunidad para aquellos que desean que la era de la adicción al petróleo (Bush dixit) inicie su conclusión en los Estados Unidos; es el momento de dar el empujón definitivo. La mitigación del calentamiento global no puede resolverse sin la participación de todos los países del mundo, particularmente los mayores emisores (actualmente China es el mayor de todos). Todos esperamos estos tiempos desde hace mucho tiempo: que los Estados Unidos asuman sus responsabilidades y asuman el liderazgo que les corresponde en la materia.