Lecciones de la pandemia ante otros riesgos globales
Nos dice «El Correo del Sur» (suplemento dominical de La Jornada de Morelos), este domingo 3 de mayo [www.lajornadamorelos.com/suplementos/correo-del-sur/74738?task=view], que la irrupción de un problema de la magnitud de la pandemia de influenza A-H1N1 pone a prueba la falta que hace en México un sistema universal de salud a la altura de los desafíos del mundo globalizado. Esto debería ser la columna vertebral de las exigencias ciudadanas —continúa—, y convoca a un debate al respecto, más allá de la pandemia y sus efectos negativos sobre la salud.
Coincidimos en la importancia de señalar que este problema de pandemia impone lecciones relacionadas con otros desafíos del mundo globalizado, y que en ello debieran concentrarse los esfuerzos de reflexión y análisis, así como las políticas públicas, para prevenir riesgos mayores en el futuro previsible.
Resulta claro que una de las consecuencias del mundo globalizado es que brotes de infección como estos, sobre todo si se trata de nuevas variaciones del virus A-H1N1, constituyen riesgos de epidemias globales [Glocalfilia de domingo 3 de mayo]. Por eso, luego de la aparición de la influenza aviaria en 2003 en el sudeste de Asia, los países miembros de la Organización Mundial de la Salud [OMS, constituida por 193 países, es decir, prácticamente toda la comunidad de naciones: www.who.int/countries/es/index.html] decidieron desarrollar sistemas específicos de prevención, alerta temprana y capacidad de respuesta ante riesgos de epidemias y pandemias.
De este proceso resultan los primeros protocolos globales multilateralmente acordados de gestión de riesgo, sanitario en este caso, que las autoridades mexicanas siguieron paso a paso al menos desde el 11 de abril, a partir del brote infeccioso en Perote, Veracruz [www.prevencioninfluenza.gob.mx/] relacionado con contaminación orgánica derivada de la producción porcícola. Pero aunque entonces la Organización Panamericana de Salud [OPS] y la OMS dieron por buena la evaluación de riesgo que las autoridades mexicanas formularon al respecto —con base en la cual se decretó alerta epidemiológica el viernes 17 de abril «debido a influenza estacional y neumonía atípica grave confirmadas»—, no fue sino hasta el 23 del mismo mes que laboratorios de Canadá confirmaron la aparición del nuevo virus tipo A-H1N1. Por la noche de ese jueves 23 de abril, las autoridades mexicanas de salud pública anunciaron que las actividades escolares se interrumpían hasta nuevo aviso.
Es decir, debido a la insuficientemente desarrollada capacidad nacional para secuenciación genética y análisis clínico —dicho de otro modo, el insuficiente presupuesto que sistemáticamente otorga el erario federal para el desarrollo de las capacidades científicas y el desarrollo tecnológico doméstico—, hubieron de pasar ¡12 días! para que las autoridades sanitarias mexicanas decidieran lanzar la alerta oficial ante el riesgo de epidemia. ¿Cuánto cuesta en vidas humanas y económicamente este subdesarrollo?
Y el riesgo de pandemias es uno entre tantos otros en nuestro mundo globalizado. Porque así como la globalización facilita la transferencia de gérmenes a lo largo y ancho del planeta, también amplifica la brecha entre riqueza y pobreza, los impactos adversos sobre el medio ambiente de las actividades económicas en gran escala, la erosión sobre las capacidades de renovación de biomasa y servicios ambientales de los ecosistemas y la pérdida de capital natural. A fin de cuentas, entre todos los riesgos a la vista, incluidos los impactos adversos previsibles del calentamiento global, los más importantes tienen que ver con la inseguridad y la ingobernabilidad.
El riesgo es una probabilidad y como tal se basa en estadísticas de frecuencias de ocurrencia de tipos de eventos. Específicamente, el riesgo es la probabilidad de que sucedan determinados eventos, benéficos o adversos, que afecten la capacidad de los sistemas humanos para lograr sus objetivos. El problema de los riesgos derivados de la globalización es que son de dimensión y complejidad inéditas, y carecemos de estadísticas específicas para su valoración completa. Sin embargo, la información disponible a la fecha nos indica una prospectiva preocupante [véase: Prospectiva Ambiental 2030 de la OCDE: www.oecd.org/document/20/0,3343,en_2649_34305_39676628_1_1_1_37465,00.html; así como otros muchos reportes de organismos del sistema de las Naciones Unidas].
Entre los principales riesgos de eventos adversos para los sistemas humanos a escala global, además de los sanitarios, hay que considerar en primer lugar los riesgos financieros, que pueden propiciar un desastre para la economía global como la que vivimos en estos días. También los riesgos de desastres sociales y económicos derivados de guerras por recursos naturales, como la más reciente conducida por los Estados Unidos para recuperar el petróleo de la zona del Golfo Pérsico. Luego vienen los riesgos ante desastres derivados de fenómenos naturales, acicateados por el desorden prácticamente universal en la ocupación del territorio, en la evolución espacial de las actividades económicas y los asentamientos humanos, y en el uso excesivo de los bienes terrenales más allá de sus capacidades de renovación. Finalmente el cambio climático que, en pocas palabras, no es otra cosa que la agudización de los riesgos de desastres que —después del huracán Katrina— ya se encuentran en la lista de las grandes aseguradoras internacionales [www.munichre.com/en/homepage/default.aspx].
Cuánto profundizará la pandemia en curso la crisis económica global, no lo sabemos, pero sí sabemos que la profundizará, especialmente en México. Sabemos también que otras situaciones de desastre que sobrevengan debidas a riesgos geológicos, hidrometeorológicos, químicos, o socio-organizativos —considerados los de abasto— podrán tener importantes implicaciones económicas, sociales y políticas. Lo que no sabemos es cuánto costará en el mundo globalizado, es decir, todavía no disponemos de una evaluación de la fracción del PIB global que habrá que invertir para disminuir estos riesgos.
Hoy día en México ha quedado clara la falta que hace contar con un sistema nacional de salud a la altura de las nuevas circunstancias globales. La alarma también suena desde hace tiempo por la gran brecha entre riqueza y pobreza, acompañada de un crecimiento poblacional desordenado y una creciente pérdida de capital natural. Debe quedar clara la falta que hace contar con un verdadero sistema nacional de planeación [no la Ley en vigor que solamente contiene previsiones para la distribución del presupuesto], que incluya capacidades de ordenamiento territorial, de planeación de la evolución espacial de las actividades económicas y de los asentamientos humanos, y de la dinámica demográfica. Todo lo cual será imposible mientras el presupuesto nacional no otorgue lo indispensable para el desarrollo de las capacidades nacionales de investigación, y para vincularlas con desarrollo tecnológico doméstico, la acreditación de patentes, la educación pública y la gestión integral de riesgo.
Sobre esto último será muy importante evaluar cuánto amplifica el riesgo de epidemias de influenza (entre otras) la práctica de producción pecuaria a gran escala, en condiciones de hacinamiento de aves o puercos que facilitan las recombinaciones y la emergencia de virus dañinos.
Más aún, la posibilidad de que los seres humanos pudiéramos efectivamente «tomar las riendas de la historia» no será posible en tanto el mundo se mantenga en vilo ante la falta de opciones globales viables. Luego de la quiebra del «socialismo real» a fines de los años ochenta del siglo pasado y de la debacle del «capitalismo real» [fundamentalista del libre mercado] de nuestros días, las políticas progresistas no pueden ser privadas, sino públicas, pues se trata de maximizar la seguridad y las oportunidades para las mayorías, no el crecimiento económico per se y las rentas de los que más tienen.
Así como la OMS declaró nivel de alarma fase 5 el pasado 29 de abril en relación con la pandemia del virus A-H1N1 recién llegado, ¿en qué nivel de alarma nos encontramos en relación con la seguridad social y la gobernabilidad nacional y global para el futuro previsible?
Dr. Germán González Dávila
glocalfilia@prodigy.net.mx