El Masón y la Familia

Por Jorge Enrique Minet Ortiz (q.d.e.o.)

Entiéndese por familia un grupo de personas compuesto por el padre, la madre y los hijos.

La familia es la célula básica de la sociedad, la pareja formada por un hombre y una mujer es la célula básica de la familia. La familia es reconocida como la institución más antigua de la tierra, desempeñando un papel fundamental en la sociedad humana, a lo largo de la historia, la fortaleza de la sociedad ha estado en función de la fortaleza de la familia…Esta institución es el mejor marco para criar a los hijos, para que se conviertan en adultos maduros. Una familia feliz es un remanso de amor, paz y seguridad. Imaginémonos a una familia feliz…, unos padres amorosos se sientan con sus hijos y conversan sobre los sucesos del día., los niños cuentan con entusiasmo lo ocurrido en la escuela con los amigos y compañeros. El tiempo relajante que pasan juntos los reconforta a todos y les entrega la energía suficiente para enfrentar las tareas en el mundo exterior al día siguiente.

Para formar una familia debemos cumplir con las leyes que rigen a la sociedad, es así como se legaliza la unión a través del matrimonio y, posteriormente cada pareja según su fe puede celebrar su matrimonio religiosos, así formamos una familia y damos cumplimiento a un sagrado deber: la preservación de la especie.

La Familia Masónica se conforma de un numeroso grupo de hombres libres y de buenas costumbres, el masón es un constructor, cuya tarea fundamental en su carácter de maestro de la humanidad, es difundir las experiencias y conocimientos que posea para construir una sociedad más equilibrada, justa, progresista, que busque la paz y la justicia, en un ámbito de democracia en el que imperen la libertad, la igualdad, la fraternidad y el sentimiento de hermandad entre los seres del universo, sin distinción de razas, credos religiosos, condiciones políticas o económicas.

Por tanto, su labor será más efectiva en la medida que su familia participe junto con él en esta tarea enaltecedora y digna que busca el perfeccionamiento moral y material de la humanidad. La familia será baluarte para el hermano masón en todas sus tareas, fuente permanente de esperanza y amor…, consuelo en sus penas y sufrimientos y principal partícipe en sus alegrías y éxitos. Especialmente la esposa que estará ligada a él en las buenas y en las malas, convirtiéndose en la verdadera fuente de sus procreación con la cual formará la simiente del porvenir, que será sangre de su sangre y símbolo eterno de sus esperanzas. El hijo de una familia masónica es por definición, un hijo, un hermano y un amigo para toda la vida, según reza nuestro código moral masónico, deberás hacer que hasta los diez años te tema, hasta los veinte te ame y hasta la muerte te respete. Hasta los diez años deberás ser su maestro, hasta los veinte su padres y hasta la muerte su amigo, no olvidando la grave responsabilidad que el gran arquitecto del universo nos confiere al entregarnos a nuestros hijos, porque no son propiedad nuestra, sino de Dios, quien al encargarnos su cuidado nos pone a prueba para ver si somos capaces de darles amor, educación y costumbres que el quisiera, ya que en su cuidado no somos sino intermediarios entre Dios y ellos.

Debiendo estar agradecidos al padre eterno, porque nos permite gozar de su amor, caricias y afecto…Reflexionemos con honestidad, si hemos cumplido con nuestros sagrados deberes para con ellos, para cuando crezcan y formen su propia familia, guarden en su corazón los buenos sentimientos que nuestros actos le han inculcado. Un buen hijo sienta las bases de su felicidad familiar en un profundo sentido de gratitud y amor, la cual deberá reflejarse en atención y protección a sus padres, quienes gozan y disfrutan a sus nietos como verdadera recompensa a su esfuerzo. En todo esto radica la importancia de la función que realiza un masón frente a su familia y la sociedad, cumpliendo así con un compromiso contraído libre y espontáneamente con nuestra augusta institución, materializando en acciones dignas y amorosas para con su familia a la que siempre profesará lealtad en un alto sentido de responsabilidad, convirtiéndola en su bandera, entereza y fortaleza espiritual, en el momento de proclamar la fe en los ideales, la esperanza en verlos realizados, y en un inquebrantable gran amor a la humanidad. Así sea.

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