Consolemos a la Virgen María

En 1917, la Santísima Virgen le confió a los tres pastorcitos de Fátima que la Santísima Trinidad y ella estaban muy tristes por el excesivo número de almas que se estaban condenando. Grande es el amor que siente Dios por cada hombre, infinitamente grande es su amor. Grande es también el dolor que siente Dios al ser rechazado, y grande el dolor por cada alma que se pierde, que rechaza el amor y el perdón de Dios durante toda su vida y aún en el último instante antes de morir. Consolemos a nuestros Padres Celestiales. El Ave María es una alabanza a la Madre de Dios y es directamente cantado a ella, sin embargo, glorifica también a la Santísima Trinidad, porque cualquier homenaje que prestemos a Nuestra Señora, inevitablemente regresa a Dios, Quien es la causa de todas sus virtudes y perfecciones. San Luis de Monfort dijo sobre el Ave María, "Es la oración mas bella después del Padre Nuestro. Es la manera perfecta de halagar a María porque es lo que el Arcángel, mandado por el Altísimo, le dijo para conquistar Su Corazón." Conquista tu también el corazón de la Virgen María. Consuela su Inmaculado Corazón y a la Santísima Trinidad.
La llave de la felicidad En una ocasión Nuestro Señor le pidió a San Francisco de Asís que le diera algo. El Santo contestó: "Querido Señor no te puedo dar nada porque ya te lo he dado todo, todo mi amor." Jesús sonrió y dijo "Francisco dámelo todo otra vez y otra vez, me dará el mismo placer." Hagamos lo mismo con la Santísima Virgen, saludándola una y otra vez con el Ave María

María es Nuestra Madre

Así como los niños cuando están en problemas corren a sus madres por ayuda, así nosotros también debemos de correr inmediatamente con confianza ilimitada a María. San Bernardo y muchos santos han dicho que nunca, nunca se ha oído que en algún momento o lugar María se haya rehusado a oír las oraciones de sus hijos. ¿ Por qué no nos damos cuenta de esta verdad tan consoladora ? ¿ Por qué rehusamos el amor y consuelo que la Dulce Madre de Dios nos ofrece? Recurramos a Ella frecuentemente. Consagremos nuestros corazones a María para que reine en ellos la paz y la alegría. Incluyámosla en nuestras vidas, refugiémonos bajo su manto inmaculado. Confiémosle a ella la solución de todos nuestros problemas y sobre todo, la salvación de nuestras almas. Que reine por siempre Su Inmaculado Corazón en todos los corazones de los hombres. Mil gracias a Dios por darnos tan buena Madre.

Consagración a la Santísima Virgen

Oh Señora Mía, oh Madre mía, yo me ofrezco enteramente a ti, y en prueba de mi filial afecto, te consagro en este día y para siempre, mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, en una palabra todo mi ser. Ya que soy todo tuyo, oh Madre de bondad, guárdame y defiéndeme como cosa y posesión tuya. Amen.