El mensaje de Fátima

La Santísima Virgen María, la Madre de Dios, se les apareció en seis ocasiones a tres pastorcitos, Francisco, Jacinta y Lucia ("los tres videntes") cerca del pueblo de Fátima, Portugal, entre el 13 de mayo y el 13 de octubre de 1917. En Sus apariciones, la Santísima Virgen les dijo a los niños que Dios la había enviado con un mensaje para cada hombre, mujer y niño que viviera en nuestro siglo. En un momento en el cual la civilización estaba dividida por la guerra y la violencia (Europa estaba sumergida en la primera guerra mundial en ese momento), Ella prometió que el Cielo le otorgaría la paz al mundo entero si Sus peticiones por:

  • la oración,
  • la expiación y
  • la consagración

eran escuchadas y obedecidas.


"Si se cumplen Mis peticiones ... habrá paz". Estas fueron las peticiones de Nuestra Señora de Fátima:
  1. El rezo diario del Rosario y usar el escapulario café de Nuestra Señora del Monte Carmelo.
  2. Hacer reparación al Inmaculado Corazón de María y al Sagrado Corazón de Jesús.
  3. La Consagración de cada persona y la de Rusia al Inmaculado Corazón de María.

Nuestra Señora les explicó a los niños que la guerra es un castigo por el pecado, y les advirtió que Dios castigaría la desobediencia del mundo a Su Voluntad con la guerra, el hambre y la persecución en contra de la Iglesia, del Santo Padre y de la Fe Católica."Si no se cumplen Mis peticiones, Rusia esparcirá sus errores a través del mundo, generando guerras y persecuciones en contra de la Iglesia. El bien será martirizado, el Santo Padre sufrirá mucho y varias naciones serán aniquiladas." (Rusia fue el primer país en legalizar el aborto, en 1920)


La Santísima Virgen le confió a los tres niños videntes en la aparición del mes de julio lo que ha venido a conocerse como el "Secreto", que en realidad consta de tres partes.
  1. La primera parte de esta revelación fue una visión del infierno "a donde van a parar las almas de los pobres pecadores", y contenía una urgente demanda de Nuestra Señora para llevar a cabo actos de oración y sacrificio para salvar almas.
  2. La segunda parte del Secreto profetizó específicamente el estallido de la Segunda Guerra Mundial y contenía la solemne petición de la Madre de Dios, de la Consagración de Rusia, como condición para la paz mundial. También predijo el inevitable triunfo de Su Corazón Inmaculado después de la consagración de Rusia y la conversión de "esa pobre nación" a la Fe Católica.
  3. La última parte del Secreto (a veces llamada el "Tercer Secreto") aún no ha sido dada a conocer, pero fue escrita por Lucía dos Santos, el único sobreviviente de los videntes de Fátima, en 1944 y ha estado en posesión de la Santa Sede desde 1957. Fuentes de información sumamente confiables especulan que esta porción del Secreto se refiere a la pérdida de la fe que se inició en la sexta década del siglo XX.


I.- El rezo diario del Rosario y El Escapulario

El rezo diario del Rosario. Esta primera petición de Nuestra Señora es muy difícil de cumplir sin la intercesión y ayuda de la Santísima Virgen. En una ocasión una persona que quedó maravillada por las promesas de Nuestra Señora a todos aquellos que rezaran el Rosario, y al comprender que por si mismo sería incapaz de lograrlo, le pidió a la Santísima Virgen que le diera una gran devoción y perseverancia en este santo ejercicio; que no fuera algo que resultara pesado y aburrido, sino que por el contrario, que rezar el Rosario diariamente fuera un momento de verdadera alegría y de unión con Dios. Si le pedimos a Nuestra Señora que nos dé la gracia de poder rezar el Rosario con el corazón, Ella, como buena Madre que es, nos lo concederá, y seremos verdaderamente afortunados de poder relacionarnos de esta manera tan sublime, tan íntima, tan hermosa con Nuestra Madre, la Madre de Dios.

El Escapulario de la Virgen del Carmen. El Escapulario de la Virgen del Carmen toma su color café del hábito de los monjes de la Orden del Monte Carmelo. Los monjes carmelitas dedican su vida a la oración y toman a la Virgen María como el modelo a imitar para parecerse a Jesucristo. Usar el Santo Escapulario, significa que nosotros formamos parte y que participamos de los méritos de esta orden religiosa (como laicos), que estamos pensando y dedicando nuestra vida a María (aunque no lo hagamos o digamos expresamente), y Ella a su vez, está continuamente pensando en nosotros intercediendo para que alcancemos la Salvación. Para usar el Escapulario sólo son necesarios guardar la castidad, (dentro del estado en que Dios lo haya llamado a uno), y usarlo continuamente.

II. Reparación al Inmaculado Corazón de María y al Sagrado Corazón de Jesús

Reparación al Inmaculado Corazón de María. Nosotros podemos realmente reparar, consolar, deshacer el mal hecho a la Santísima Virgen con la devoción de los Cinco Primeros Sábados de Mes. Esta devoción es el tema central de nuestro Web.

Ver: La Devoción de los Cinco Primeros Sábados de Mes

Reparación al Sagrado Corazón de Jesús.¿Cómo poder reparar el Sagrado Corazón de Jesús? La respuesta es muy sencilla. Amándolo con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con todas nuestras fuerzas. He aquí una pequeña idea de como llevar a la práctica esta reparación.
  1. Asistir a la Misa frecuentemente; a diario si es posible.
  2. Comulgar cada vez que vayamos a Misa, para lo cual, deberemos de confesarnos frecuentemente para acercarnos a Jesús lo más puros que se pueda.
  3. Hacer visitas al Santísimo Sacramento.

Jesús como Dios se encuentra en todas partes, pero en cuerpo y alma sólo se encuentra en la Sagrada Hostia y en el Cielo. Cuando tomamos tiempo para visitarlo fuera de la celebración de la Misa, Jesús, que está por así decirlo preso por nuestro amor en el Sagrario, recibe una infinita alegría al verse acompañado, amado por nosotros, sus criaturas, sus hijos, sus hermanos. No existe diferencia alguna entre el Jesús que nació de María en Belén, del Jesús que se perdió en el Templo, que predicó e hizo milagros, que fue crucificado, que resucitó, y que está sentado a la derecha del Padre y del Jesús que se encuentra esperando nuestro amor en el Sagrario.

Para estar con Jesús no hay que morirse e ir al cielo, sino simplemente darnos cuenta de su Presencia Real en la Eucaristía, y actuar en consecuencia.
  1. Rezar el Rosario frente al Santísimo Sacramento (que puede estar expuesto).

Cuando le rezamos a María, Jesús no se pone celoso, sino más bien el también nos acompaña para alabar y bendecir a su queridísima Madre. Rezar una hora a la semana el Rosario frente al Santísimo Sacramento Expuesto es realmente una efectivísima y maravillosa forma de consolar a Jesús y María por todos los pecados de la humanidad. La adoración Eucarística es la forma mas efectiva de combatir los males en los que nuestro mundo está inmerso.

En una ocasión Sor Faustina dijo que cada hora santa de reparación, le agrada tanto a Jesús, que cada hombre, mujer y niño que vive sobre la tierra o que se encuentra en el purgatorio recibe un nuevo efecto del amor y de la misericordia de Dios. Dina Belanger, que fue beatificada por el Papa Juan Pablo II por su devoción al Santísimo Sacramento , al principio de su hora santa vio una multitud inmensa de almas que estaban a punto de caer en el infierno. Al final de su adoración, vio a las mismas almas que estaban volando hacia el Cielo. En efecto, el amor, la piedad, la compañía que nosotros le damos a Jesús, que está Realmente Presente en la Eucaristía, repara la falta de amor, la indiferencia, el desprecio, los pecados de tantos seres humanos hacia Dios, y logran que Jesús pueda ser misericordioso con ellos. La Divina Misericordia de Dios se libera, se extiende y abraza a toda la humanidad, por el simple hecho de acompañar una hora a la semana a Jesús realmente presente por nuestro amor en el Sagrario.

III.- Conságrate tu y tu familia a la Santísima Virgen María

Consagrar nuestras personas y nuestras familias a la Santísima Virgen equivale a abrirle las puertas de nuestra casa a nuestra Madre Celestial. Consagrarse a María es invitarla a entrar en nuestras almas, es darle espacio a fin de que Ella pueda establecer dentro de nosotros su morada. Habiendo entrado, permanece con nosotros participando en toda nuestra vida.

Primeramente Ella toma bajo su cuidado nuestra vida espiritual. María procura llevar las almas de quienes componen la familia a vivir siempre en la Gracia de Dios. Donde entra María, sale el pecado; donde Ella pone su residencia están siempre presentes la Gracia y la Luz divina; donde María habita, con Ella habitan la pureza y la Santidad. Por ello, su primer objetivo es el de hacer vivir en Gracia a los miembros de una familia y de hacerlos crecer en la vida de Santidad, a través del ejercicio de todas las virtudes cristianas.

A los esposos les refuerza la Gracia recibida en el Sacramento del Matrimonio para hacerlos crecer juntos, llevarlos a una más profunda y espiritual comunión, perfeccionar su amor humano, volverlo más perfecto, llevarlo dentro del Corazón de Jesús para que pueda asumir la forma nueva de una mayor perfección, que se expresa en una pura y sobrenatural caridad. María refuerza siempre más la unión en las familias, las lleva a una mayor y recíproca comprensión, hace sentir las nuevas exigencias de una delicada y más profunda comunión. Conduce a sus miembros sobre el camino de la Santidad y de la alegría, que juntos deben construir y recorrer para que puedan llegar a la perfección del amor y gozar así del don precioso de la paz.

María quiere entrar en nuestras familias para hacernos santos, para llevarnos a la perfección del amor, para quedarse con nosotros, para convertir más fecunda y fuerte nuestra unidad familiar. Después, también toma a su cuidado el bien material de las familias que están consagradas a Ella. El bien más precioso de una familia son los hijos. Los hijos son signo de una particular predilección de Jesús y de María. Los hijos deben de ser deseados, acogidos, cultivados como las joyas más preciadas de una propiedad familiar. Cuando María entra en una familia, Ella cuida de inmediato a los hijos, y estos también se vuelven hijos suyos. María los toma de la mano, los lleva por el camino que ha sido trazado para ellos por Dios. Ella los ama, no los abandona jamás, y se convierten en parte preciosa de la propiedad de María.

Particularmente pone cuidado en nuestro trabajo. María jamás deja que nos falte la Divina Providencia. Ella nos quita todo temor, pues donde Ella entra, con Ella está la seguridad. Nunca más nos faltará nada. Ella vuelve más perfecta nuestra actividad; Ella purifica nuestro trabajo. Para lograr que María ocupe cada vez un lugar más importante en nuestras vidas, nuestra total colaboración es indispensable: cuando entra María en nuestros corazones, Ella nos va transformando de una manera suave y proporcionada a nuestra debilidad humana, sin grandes trabajos ni agonías; se comienza a vivir poco a poco y cada día con mayor plenitud una intensa vida de oración, de trabajo, de amor, de una ardiente caridad siempre más grande. En la familia que reina María, reinan la alegría y la paz. María es la Reina del Cielo, y quiere también ser la Reina de nuestros corazones, de nuestras familias, para llevarnos de la mano de regreso hacia nuestro Padre: Dios.