Entre Cuartillas, Columpios y Bimbaletes
Articulos Periodísticos escritos por Carlo Coccioli

 

DANTE JUGANDO CON MI MEMORIA

 

 

Me persiguen desde hace días (¿no será por los “patettoni” italianos que me han llegado en abundancia?) los primeros versos de la Divina Comedia de mi compatriota, en todos los sentidos, Dante Alighieri, el poeta mayor que viviera jamás en este mundo; y me doy cuenta de que voy repitiéndomelos a mí mismo sin tener siquiera un texto escrito que me garantice que no caigo en ningún error. Pues no; en la casa de Carlo Coccioli*, escritor italiano y “Gran Oficial de la República Italiana”, quizá el único en México, no logro encontrar un solo ejemplar de la obra que cualquier italiano inteligente y decente no puede dejar de juzgar como la más sublime producida por los habitantes del planeta tierra desde que éste existe. Aquí le ofrezco al lector lo que mi mente me restituye sin poder compararla con ninguna obra escrita: 

“Nel mezzo del cammin di nostra vita/ mi ritrovai per una selva oscura/ che la diritta via era smarrita. / Ahi cuante a dir qual era è cosa dura/ questa selva selvaggia ed aspra e forte/ che nel pensier rinnova la paura.”

 Ilustración de un pasaje de la Divina Comedia.

Traduzco: En el medio del camino de nuestra vida/ me encontré en una selva oscura/ pues la vía correcta se había perdido./ En cuanto a decir cómo era es algo duro/ esta selva salvaje y áspera y fuerte/ que en el pensamiento renueva el pavor…”
 

Aprendí estos versos, con muchos más, a la edad e 14 años; puedo afirmar que ningún italiano es totalmente extraño a la máxima expresión del genio florentino. Dante nació en Florencia en 1265. Su aventurosa y milagrosamente inquieta vida lo condenó al casi perpetuo destierro hasta que murió en la ciudad de Ravenna en 1321. Fue enterrado ahí, y después de 682 años los florentinos, ¡no florentinos de balde!, sólo pueden honrar en su frenética ciudad a una tumba vacía. Todo lo de Florencia es extravagante. La Italia de esa época andaba bailando entre el Papa romano y el Emperador necesariamente alemán. Pero en Florencia se hablaba sobre todo de Blancos y Negros, siendo los primeros a favor del Papa y los segundos a favor del Emperador, no sin otras sutiles diferencias; el hecho es que el sumo poeta fue exiliado por los Negros en 1302. No ha regresado nunca aún a su Florencia. 

Autor insuperable e insuperado de canciones y sonetos, Dante usó para las primeras y los segundos no la lengua latina que era la oficial y normal en casi toda Europa, sino la lengua vernácula florentina por lo que ésta se convirtió en la lengua nacional. Nosotros los florentinos y los toscanos en general somos los únicos italianos que no tenemos dialecto propio; nuestro dialecto es la más correcta lengua italiana. Esto se debe a las glorias del llamado “dulce estilo nuevo”, pero sobre todo a la “Divina Comedia”.

                                                            
     

   

La cual es, como el mundo sabe,  relato de un inmenso viaje imaginario en el Más Allá: a los tres reinos del Infierno, Purgatorio, Paraíso. En tan maravilloso itinerario Dante tuvo por guía antes del espíritu de Virgilio, el gran poeta romano, y luego el dulce espectro de Beatriz su amor. Su amor ideal, platónico, pues no hubo jamás tacto ninguno. En la obra de Dante, Beatriz, más precisamente Beatrice Portinari, lo guió en el Paraíso.

Estoy escribiendo en la vasta pieza de la planta baja que es mi acostumbrado lugar de trabajo desde hace décadas. Hace un frío casi inverosímil. ¿Qué le pasa a México? Mucho le perdonamos a México, y especialmente a su capital enemiga de cualquier normal corazón humano, por su clima gentilmente primaveral: ¿Qué sucede ahora? La capital mexicana, con su imperdonable frío glacial, ahora parece enloquecida. Detrás de mi tengo, sí, una estufa de gas, pero no me da la gana arrodillarme para encenderla. Además el precio de gas va por las nubes. Mis perros me miran desde el pequeño diván que sólo tengo para ellos. Hay libros dondequiera, por supuesto.
 
Creo que me estoy restableciendo de la tempestad médica que me ha caído encima; sobre todo me han dañado, y no dejan de hacerlo, las dos anestesias totales a las que fui sometido. Frente a esta pesada maquina Olivetti Tekne que según leo en alguna parte fue fabricada en Brasil, y que yo no cambiaría con ninguna otra, siento el agresivo frío mexicano penetrarme en los huesos; ¡ni siquiera en la Florencia de los años de la guerra! Hace poco busqué en los libreros que me circundan con la esperanza de encontrar una edición cualquiera de la Divina Comedia; tenía varias y no encuentro ninguna. ¿Qué no paso con esto también? ¿Esto también no será una consecuencia de las intervenciones médicas que han caracterizado el final del 2002 y este debutante 2003? Lo más seguro es que quién sabe.
 

*Ser humano.

 

 

 

 

 

  

 

Artículo escrito por Carlo Coccioli (1920-2003) y publicado en el Diario Excelsior, el 18 de enero de 2003.

Fuente: Hemeroteca privada del Museo Casa della Cultura Carlo Coccioli.