Fuerzas y Alcances
Eugenio Medina Ramírez
                                                                                                       29 de Agosto de 2009
   

Ya que somos secuencia de un proceso de tan alta energía como aquello que puso en movimiento lo contenido en el huevo cósmico, del cual ignoramos dimensiones y densidades, tenemos que acondicionarnos para ser entes de energía.

 Desde hace unos 14,700 millones de años se inició el tiempo. Primero fuimos caliente huevo, luego premateria. Todo este cosmos inmenso brotó del energético huevo con eso que nombran el big Bang o gran explosión. La materia que nos forma  es ceniza estelar. Eso somos nosotros, sin olvidar la materia oscura, que ni vemos y poco detectamos, sólo la suponemos. Somos la inquieta resultante de un inmenso proceso energético, inmenso en energía y en tiempo. Aunque para nosotros hay muy poco tiempo y pronto expira.     

         

 

 

          El mejor día de su vida ¿lo   recuerda?  

 

De la Tierra aprendemos diariamente,  hace unos minutos que aprendemos del universo y estamos aprendiendo de la inmensa grandeza cósmica, pero de las fuerzas y capacidades que habitan en nuestra mente, y de la capacidad de ciertas zonas adormecidas, tenemos mucho para investigar, estudiar y aprender. Por vía de mientras, somos bastante torpes e inútiles para querernos incluso para querernos nosotros mismos.

Muchos miembros de la especie humana sufren por lo elemental como el agua, la comida y el abrigo o dónde descansar. Penas las tenemos todas. En eso de querernos, los varones, o somos rudos o somos brutos.

Tenemos perdidos y extraviados los valores, padecemos demasiado y eso ahoga los grandes valores. ¿Y a quién interesan tales valores?

Las tales bien  podría llamarlas, fuerza inexploradas en nosotros. Lo más común y frecuente consiste en considerar a algo a alguien la grandeza suprema más allá de cualquier infame limitante y a eso le nombramos Dios o Brahma, o lo absoluto. Por cierto, ¿qué hay de lo absoluto en este mundo? Hasta el tiempo y la velocidad a que discurre o pasa, son muy relativos.

 El mejor día de su vida ¿lo recuerda? ¿Por qué fue precioso, memorable y magnífico? ¿No lo ha tenido? ¿No?

¿Y del dolor? Hasta de muelas, cabeza, espinazo y tripas, de todo hemos sufrido, sin olvidar los peores los dolores del alma.

 
 

La mayor grandeza en este mundo es el amor.

 

Karlita, mi hija, hace una maestría acerca del potencial humano. Ocasionalmente me hace algunos breves y parcos comentarios. Desde hace mucho sabemos la ínfima parte que de nuestro cerebro, corteza pensante, trabaja, es una parte mínima y algunas zonas inactivas muy ocasionalmente se activan.

La gente dice prenderse con el trago, pobrecita.

                                                                           
 
 

¿Alguna vez un aroma, algún perfume o un sonido musical le ha despertado hermosos y placenteros recuerdos que yacían en coma profundo?

Se dice que dentro de nosotros se encuentra todo el contenido cósmico. Si Dios existe, si tiene un lugar etéreo e inubicable, es probable que se encuentre tal locación, bien dormida y sepultada dentro en nuestras neuronas. Nuestro cuerpo, nuestro intelecto contiene todo, sin que falte nada, todo cuanto contiene el universo: Algo sabemos de la materia que contiene, pero todo lo ignoramos acerca de la materia oscura. Será que la pobremente evolucionada especie humana es, más que nada, materia oscura y nuestro dizque magnífico cerebro, contiene abundante de tal materia que ni vemos ni entendemos. Cuán ajenos a la grandeza somos.

La mayor grandeza en este mundo es el amor. ¿Y quién tiene, quién lo derrama, quién lo comparte, quién tiene para ponerlo cual ejemplo? Pues un perro sería una comprobada y aceptada respuesta. Único amor comprado verdadero, el amor de este noble  animal.

Las mujeres tienen todo acerca de esa grandeza. Pero lo tienen encerrado en su pecho y corazón, y eso no lo abren los maltratos, las agresiones y todo lo burdo y torpe que los varones hacemos. El varón es, somos, ante todo, entes dispuestos al sexo. Del amor andamos prófugos y huérfanos.

Veo a nuestra gente y observo aguda y atentamente todo: su gesto, su joroba, su obesidad, sus trapos o hilachos que los cubren, veo sus tenis y escucho lo que dicen su vocabulario y lo pobre de su palabra, luego veo su triste semblante, y me dan ganas de llorar. Cuánto faltante, cuánta miseria, cuán apartados del amor, de la dicha, de la felicidad, la comodidad de vivir bien y de tener futuro, lamentablemente  ni eso tienen.

Si se pusieran a edificar: ¿Con qué iniciarían? ¿Con cuáles fuerzas, entusiasmos y alcances? El hambre, la ignorancia,  la falta de amor y la  depresión lo aplastan y lo derrotan todo.

Entre todos ellos lo que abunda es el andar pidiendo. Mucha gente sintiéndose y sabiéndose sana pide salud. A la enfermedad, a los dolores y discapacidades todos le temen. Pero viera usted todo cuanto hacen para engordar, para perder la salud y para vivir pesados, sobrecargados, agobiados, infelices y pobres.  Nunca se han cansado de hacer y hacer más y más pobres. ¿Será que la pobreza tanto los ha aplastado, que ya la consideran como su orgulloso patrimonio?

 
 

Los deprimidos, otra cosa no desean, más que morir y por ellos ya nadie podrá hacer mucho, y mire que se puede hacer mucho preventivo. Todos los que caen en las horrendas adicciones tienen un componente depresivo muy grande.

La gente que quiere vivir no es otra que la ahogada en las ilusiones, en los delirios del amor y en los goces de los placeres, sin olvidar el verbo tener o a don dinero. Los que más en este mundo sufren son aquellos que se meten con las drogas, y drogas son las alcohólicas y todas las demás adictivas, el cigarro bien incluido. Nadie vive  peor en este  mundo que los que se meten dentro del angustiante universo de los adictos. Gracias a Dios existe para ellos la salvadora muerte.

Nada resulta más terrible y destructivo que las adicciones 
      Adicciones          
 

Eso que nos cuentan del infierno es  casi inocuo comparado con los horrores infernales de la abstinencia con  los pobres adictos. Son ya tan poderosas algunas drogas que basta con probar una vez para caer  en la espantosa adicción. Contra ellas la voluntad no tiene posibilidades. Nunca se pierde la adicción, salvo que se pierda la vida.

Increíble la tenacidad, fuerza, logros y alcances de la vida. Sólo el amor tiene más fuerza que la misma vida. Después de morir se puede volver a esta tierra si se cumplen algunos, muy escasos, requisitos. Que solicites volver para buscar o encontrar lo amado extraviado, eso te permite retornar. Que vengas a ejercer alguna obra que ayude a todos estos tan ahogados en sus oscuras y tortuosas penumbras.

Pese a todo el mundo físico es relativo. La cambiante materia así lo condiciona. Todo está cambiando. Y nosotros ¿por qué no cambiamos? ¿Por qué proseguimos empobrecidos, carentes de amor y de lo hermoso, dichoso y feliz que el mundo contiene?

Entiendo que los grupos de poder tengan y acaparen  dinero impunidad y poder de tal manera que todo quede decadente y derrotado. Pero no pueden robarse el amor, no pueden mercadearlo ni acapararlo. Entonces, ¿dónde yace el amor? ¿Por qué tan racionado y para tan pocos y tan pocas?

Mientras andemos correteados,  aplastados y fracasados, con la miseria encima y repitiendo un hacer, dizque tradicional, decadente que ve abundante televisión y no estudia, que sólo sabe de derrotas y hacer más pobres, y continuemos suponiendo que la felicidad yace en el dinero y  el amor se localiza en las nalgas de las hembras, todo proseguirá igual.

Sin alimento, sin buen sueño, sin ejercicio, sin preparación, enfermos deprimidos, sin dinero y sin amor, este mundo es y seguirá siendo lo que es para tantos: un caldeado infierno y buscarán al diablo, que habita y duerme en su mente, para agarrarlo de las nalgas y despertarlo con las drogas y luego prosigue la endemoniada, delictiva y terrible vida de la gente adicta.